CR. De Cimarrones a Las Brisas. Jeannette Rodríguez

el

Etapa N. 2 del Camino de Costa Rica. De Cimarrones a Las Brisas: 16 km de ascenso y descenso fuerte bajo el tremendo sol del Caribe.

Iniciamos la caminata en el territorio Cabecar, los primeros 8 km bajo un sol abrasante; afortunadamente los segundos 8 km el cielo nublado facilitó el paso.

Caminos de lastre, barro y senderos dentro de la montaña nos abrieron la vista hacia la hermosa vegetación característica de nuestra zona atlántica: árboles enormes llenos de plantas aéreas en constante simbiosis.

A nuestro paso, casitas de madera y alguna que otra choza entre los claroscuros de la montaña me hacían imaginar cualquier cantidad de historias posibles.

Nos topamos a varias personas pertenecientes al pueblo cabecar, con sus negras y lustrosas cabelleras al aire y su paso presuroso.

En varios tramos del camino, restos de una antigua calzada empedrada nos salía al paso. Sería interesante averiguar si pertenecen a la vieja calzada de piedra que unía el Atlántico con el Valle Central.

Al paso de los caminantes, los poquitos lugareños que encontramos, nos saludaron efusivamente. Ecos amables de una Costa Rica rural que desaparece paulatinamente en las nieblas de la modernidad.
¿Qué será de nuestros campesinos?
Me pregunté, con un dejo de nostalgia.

De repente, aparece ante nuestros ojos el imponente volcán Turrialba, coronado de nubes cuál gigante vigilante de estas tierras ancestrales. Un espectáculo digno de admirar y que deja el corazón agradecido.

Continuamos el descenso y ¡qué maravilla! al doblar la esquina se presentan en todo su esplendor las llanuras de Tortuguero. La lejanía y la inmensidad en una sola estampa natural costarricense.

Qué rico caminar por la Costa Rica rural, ver y sentir de cerca su esencia, su gente sencilla, saborear su gastronomía tradicional, como una expresión íntima de aquellas familias ticas de antaño que guardaban en el fogón la esencia familiar.

He tratado de describir para ustedes un poco de mi experiencia, sin embargo, me faltan las palabras. Es tan fuerte el sentimiento que me es imposible transmitirlo.
Esto se debe vivir en primera línea.

Ahora ya tengo mi pasaporte del caminante y espero completarlo y llenarme de vivencias y experiencias auténticas.

Moraleja personal: el camino, al igual que la vida, no siempre es fácil, pero vale cada segundo su recorrido.

Luego de dos años inactiva, regreso con nuevos bríos. Caminante una vez, caminante toda la vida.

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