CR-Zapote. ¿Qué nos traerá el 2022? Marielos Méndez

Leyendo un articulo de la genial Ana Iztarú, me sentí identificada, pues casi siempre mi forma de pensar con respecto al valor del dinero en mi vida, me hace sentir una persona rara, ante tanto mercantilismo que está destruyendo al ser humano.Cuando expreso mi pensar en cuanto al «vil metal» , ya no visto tan vil ni tan metal, sino más bien Dios, en demasiadas ocasiones soy observada con ojos de extrañeza. Y es que los medios de comunicación se han encargado en parte y los padres en gran forma, de ir acrecentando en las personas un interés cada vez mayor por lo económico que va más allá de lo que debería ser…un medio de subsistencia, incluso llegando a destruir las vidas propias y ajenas por alcanzar el poder que da la plata. Durante mi infancia fui testigo directa del mal que hace a las familias el que se tenga dinero solo para satisfacer las excentricidades de una sola persona, y eso me hizo quizás ver la vida diferente, pues tuvimos mis hermanos y yo necesidades que un niño no debería padecer en una familia adinerada.

Posiblemente al ser cuidada con esmero por mi familia materna, pude verme permeada por una vida feliz con poco, donde existían necesidades que se suplían con el fruto del duro trabajo de empleada doméstica de mi abuelita Ángela Granados (qdDg) y la mecánica de mis tíos Francisco (qdDg) y Carlos, tres personas ejemplares, trabajadoras y de condición humilde toda su vida, que ni siquiera pudieron tener casa propia, pues sus salarios siempre fueron mínimos.Mientras crecía tuve la influencia de personas buenas que hicieron que fijara mis metas en el ser más que en el tener, gracias a Dios.La vida me siguió mostrando ya siendo adulta el egoísmo y la crudeza de quienes tienen poder y dinero solo para satisfacer sus inflados egos, acrecentado constantemente sus arcas, a costa del sudor y esfuerzo de otros y otras.Mi trabajo a diario me muestra el dolor de personas que ni siquiera pueden calmar el hambre de sus hijos y eso duele más cuando sabemos que otros nadan en dinero, se dan gustos superfluos y ni siquiera dan de lo que les sobra. Eso enardece, generando gran frustración. Dicen que entre más se muestre por fuera, menos se tiene por dentro, creo que si se cumple ese adagio.

Algunas personas me tachan de catastrófica, exagerada y me dan mil justificaciones del por qué el mundo siempre ha tenido y tendrá personas que viven en pobreza extrema y que eso no es obligación ni culpa de nadie, pero cuando una analiza y se tiene un poco de humanidad, basta con ver la avaricia de quienes todo lo tienen, robando el dinero que pagamos en impuestos y quitando derechos de los trabajadores y programas de responsabilidad social. Basta con ver a nuestro alrededor las ofensivas desigualdades e injusticias que se cometen en nombre del «dios dinero», con minúscula para mí. Que esto ha sido así siempre…pues sí, pero eso no nos da permiso, ni justifica esas acciones de quienes roban no por necesidad, sino por gusto.Bueno…ya no les canso más con mi aburrido discurso en vísperas de año nuevo…pero si deseo que este año que iniciamos, no nos conformemos con este mundo mediocre en el que somos solo testigos, deseo con todo mi corazón que todas a quillas personas de bien saquen un ratito para pensar en todo aquello que tenemos y en que Dios no es solo una palabra, Él cobra vida en todas esas personas que también merecen vivir con dignidad, aunque solo sean parte de una estadística llamada «los pobres del mundo».

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