CR. Polvo de estrellas. Marco Antonio Umaña Vargas

Carl Sagan no llegó a ver la adaptación cinematográfica de Contact. A sólo siete meses del estreno, el astrónomo y divulgador científico falleció de neumonía el 20 de diciembre de 1996, hace ahora 25 años. Poco antes, Sasha Sagan (Nueva York, 1982) le preguntó a su padre si alguna vez volvería a reencontrarse con sus abuelos, como le sucede a la astrofísica Ellie Arroway en la ficción. «Me contestó que nada le gustaría más, pero aunque no habían pruebas para apoyar la idea de una vida futura, no podía ceder a la tentación». Sasha insistió con la terquedad de una niña de 14 años, y siguió preguntándole por qué. «Me habló entonces de los peligros de creer en cosas que sólo nosotros queremos que sean ciertas, del autoengaño frente al cuestionamiento crítico de la autoridad y de la búsqueda de la verdad como única fuente de conocimiento». Después le explicó que, gracias al ADN, cada célula de su cuerpo permanecería siempre conectada a todas las personas que la habían precedido, e incluso al propio universo. «Nos vamos a morir y hay buenas razones para sentirnos afortunados por ello», me dijo. «No olvides nunca que somos polvo de estrellas».Esta razón de Carl Sagan me hace sentir mejor, ahora tengo la certeza que llevo conmigo a papi a mami, a abuelita Ursula y comparto con mi querido Camilo el polvo de estrellas que conforma el universo.Me siento afortunado.

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