ITALIA-ASÍS. ¿Por qué el buey y la mula aparecen representados en el Portal de Belén? Francisco Cordero-Gené

Todo parece indicar que es una tradición que se remonta a los inicios del ‘belenismo’ en el año 1223, cuando San Francisco de Asís creó la representación del nacimiento de Cristo. En aquel momento, de Asís se encontraba en el pueblo italiano de Greccio. Eran los últimos años de su vida. Su salud era delicada, falleciendo tan solo tres años más tarde, en 1226. Al sospechar que su final en esta vida estaba cerca, San Francisco de Asís tuvo la idea de recrear el nacimiento del Mesías, haciendo partícipe de ello a los habitantes de Greccio y a los animales.«Desearía provocar el recuerdo del niño Jesús con toda la realidad posible, tal como nació en Belén y expresar todas las penas y molestias que tuvo que sufrir en su niñez. Desearía contemplar con mis ojos corporales cómo era aquello de estar recostado en un pesebre y dormir sobre las pajas entre un buey y la mula», contaba de Asís, según relata su primer biógrafo, Thomas de Celano. Este es el motivo por el que el buey y la mula están siempre representados en el Pesebre.¿Qué representan el buey y la mula?Según revela la tradición, la mula representa al animal más humilde de la creación, mientras que el buey tiene la función calentar con su aliento la cuna de Jesús.

Hay que recordar además que tanto el buey como la mula son los símbolos proféticos tras los cuales se oculta el misterio de la iglesia católica.UNA INTERPRETACION SIMBÓLICA DEL SIGLO IV: la mula simbolizaría la capacidad de María de dar a luz siendo virgen y, por otro, el buey, dócil y cariñoso, representaría a San José, piadoso y sumiso que, sin intervenir en la concepción de Cristo, aceptó los designios de Dios. La mula es un híbrido de caballo y burra o de asno y yegua. Plinio dice que los animales que nacen de dos especies diferentes son de una especie nueva y no procrean. El buey -un toro castrado- es un animal doméstico, vinculado a las labores del campo y al trabajo. Representa la fuerza pesada, lenta y obstinada, pero eficaz.Además, como la mula es un animal opuesto al buey, representaría los aspectos benéficos ante los maléficos, las fuerzas del mal vencidas por el Redentor.CUENTO ILUSTRATIVO:Los evangelios no hablan del buey y la mula que habrían estado en el pesebre junto a Jesús sobre las pajas. Pero la tradición habla de ellos. Su historia es conmovedora y encanta a niños y adultos. Y en estos tiempos ecológicos adquiere un significado especial.

Vamos a contar la verdad de esta historia antigua que es narrada a su manera en cada lengua.Un campesino tenía un buey y una mula muy viejos e inservibles para el trabajo en el campo. Se había encariñado con ellos y le habría gustado que muriesen de muerte natural, pero se consumían día a día. Así que resolvió llevarlos al matadero. Cuando tomó la decisión se sintió mal y no consiguió dormir en toda la noche.El buey y la mula notaron que había algo raro en al aire. Movían inquietos sus osamentas sin poder dormitar. La vida había sido dura. Habían pasado por varios dueños. De todos habían recibido muchos palos. Era su condición de animales de carga.Hacia la media noche, de repente sintieron que una mano invisible los conducía por un estrecho camino hacia un establo. Decían entre sí: «¿Qué nos obligarán a hacer en esta noche fría? Ya no tenemos fuerzas para nada».Fueron conducidos a una gruta donde había una lucecita trémula y un pesebre. Pensaban que irían a comer algo de heno. Quedaron maravillados cuando vieron que allí dentro, sobre unas pajas, tiritando, estaba un lindo recién nacido. Un hombre inclinado, José, procuraba calentar al niño con su aliento. El buey y la mula comprendieron inmediatamente. Debían calentar al niño. También con su aliento. Acercaron sus hocicos.

Cuando percibieron la belleza y la irradiación del niño sus viejos esqueletos se estremecieron de emoción. Y sintieron un fuerte vigor interno. Con sus hocicos bien cerquita del niño empezaron a respirar lentamente sobre él, y así se fue calentando.De repente, el niño abrió los ojos. «Ahora va a llorar», dijo la mula al buey, «verás que le asustaron nuestros feos hocicos». El niño, por el contrario, los miró amorosamente y extendió su pequeña mano para acariciar sus hocicos. Y seguía sonriendo, como si fuera una cascada de agua.«El niño ríe», dijo José a María. «No para de reír». «Debe ser que le hizo gracia el hocico del buey y la mula». María sonrió y quedó callada. Acostumbrada a guardar todas las cosas en su corazón, sabía que era un milagro de su divino niño.El hecho es que los propios animales se sintieron alegres. Nadie les había reconocido ningún mérito en la vida. Y he aquí que estaban calentando al Señor del universo en forma de niño.

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