CR. La serenidad es un acto de entrega. Soledad Castro

Hace un par de meses me diagnosticaron una enfermedad en la retina por el estrés. Un día me sorprendí viendo distorsionado, y luego diferentes especialistas y pruebas médicas confirmaron el diagnóstico. En ese momento no pude permitirme bajar la intensidad de trabajo, y lo que me quedó fue navegar la tormenta, con muchos desafíos por delante y pocas horas de sueño. Por insistencia de mis amigas, hice algunas sesiones terapéuticas de masajes y Reiki. Pese a mi resistencia, accedí. La terapeuta me convenció de hacer algunas meditaciones guiadas diciendo en voz alta «me abro a la sanación». Al decirlo, unas lágrimas pesadas y grandes me recorrieron las mejillas. La soberbia de mi razón tuvo que ceder un poco. Y desde entonces he estado transitando, a regañadientes, a como he podido, los caminos de la sanación. Es increíble como la vida es capaz de enseñarnos, de tantas formas, que la vulnerabilidad radical es una constante. Y luego vino el trópico feroz, que lo envuelve todo con su sabiduría. Momentos de mucho miedo e incertidumbre, lluvia torrencial. Momentos de valentía, sentirse grande como el sol. La humedad que se te mete adentro, que lo impregna todo, porque la serenidad es un acto de entrega.

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