CR. El MEP necesita un cambio radical. Luis Paulino Vargas Solís

Siendo que la educación es un tema prioritario ¡qué difícil nos resulta discutirlo en serio!

Por un lado, el simplismo economicista de quienes quisieran que la educación se ocupe, sin más, de satisfacer los requerimientos de las empresas, desentendiéndose de muchísimos otros aspectos tanto o más importantes. Y, por supuesto, ciertas comparaciones, tan reiterativas como disparatadas. Lo de que dedicamos un 8% del PIB a educación -en realidad es alrededor de un 7%- es un dato engañoso. Mucho más clarificador sería comparar la cifra per cápita, o sea, la inversión efectiva por habitante. Y ahí nos quedamos muy atrás de los países ricos: dedicamos a educación apenas algo más de un tercio de lo que dedican Alemania, Estados Unidos, Francia o Reino Unido; menos de un quinto de lo que invierten Suecia o Dinamarca; menos de un séptimo que Dinamarca.

Desde luego, es importante tener personal docente con excelente formación. Tremendo reto para las universidades públicas, aunque poco pueden éstas lograr, si se permite que tantas universidades privadas sigan graduando educadores como quien produce cajetas. Y, sin duda, necesitamos mejoras sustanciales en nuestra infraestructura y equipamiento educativo.

Pero falta algo importantísimo: las realidades socioeconómicas y culturales en que se desenvuelven niños, niñas y jóvenes en su vida cotidiana, más allá del aula. En un país cada vez más desigual, en barriadas marginalizadas y zonas rurales olvidadas, con más del 15% de desempleo, 45% de informalidad laboral, cerca de un 25% ganando por debajo del salario mínimo

¿No es acaso excesivo pedirles éxito escolar a niñas y niños que viven en hogares golpeados por ese tipo de flagelos sociales?

¿Y el profundo y disruptivo impacto cultural de las tecnologías digitales?

Necesitamos estudiar estas cosas, y analizar y discutir en serio las complejas interrelaciones entre estas realidades y nuestro sistema educativo. Pero no por medio de una encuesta tan increíblemente estúpida como la que el MEP aplicó.

¿En qué cabeza cabe someter a niños y niñas de 11 años a un cuestionario con 600 ítems, y obligarlos a estar 4 o 5 horas contestándolo? Era obvio lo desatinado de la idea, pero, por si las dudas, bastaba un mínimo ejercicio previo de prueba y validación del cuestionario para confirmarlo ¿Son tan chambones que ni eso hicieron?

El MEP necesita un cambio radical.

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s