CR-OROTINA. Su risa de cristal. Jeannette Rodríguez

A I. la conocí en mis primeros años de labor. Una estudiante de la costa. Morena, cabello negro ensortijado, de fácil sonrisa y mirada fuerte y penetrante.
«Quiero ser maestra. Tengo dos hijos y mi esposo es pescador. Aunque yo le ayudo recogiendo choras en el manglar, la plata no alcanza y quiero que mis hijos estudien y tengan mejores oportunidades» Nos dijo.
I. estudió con beca total, pero nos contaba que tenía que doblar esfuerzos en el manglar para pagar su pasaje hasta Puntarenas.
Entablamos una bella amistad. Como esas que se dan cuando ves a una Mujer con toda su fuerza enfocada en superarse.
Un día I llegó con los ojitos llorosos, no escuchamos su risa de cristal. En ambos ojos dos horribles moretones que gritaban con furia la violencia de la que fue objeto.
«¿I que pasó?» Le pregunté, con el corazón arrugado de dolor.
«Mi marido me pegó porque dice que yo no vengo a estudiar, que yo vengo a acostarme con los hombres que trabajan aquí» me respondió. Y así me di cuenta de una larga historia de violencia intrafamiliar.
Ni una sola lágrima derramó I. mientras me contaba, tenía la determinación de salir adelante.
En mi corazón crecía la furia, la impotencia y el desánimo. ¿Por que una mujer debe sufrir este infierno?
A la semana siguiente, me contó que había abandonado a su marido. Que sus dos hijos y ella pescaban para llevar comida a sus casas. La contactamos con personas e instituciones que la apoyaran.
Antes de perder contacto con ella, la nombraron en una escuela rural como docente.
Pasaron los años y un día desarrollando un proyecto de acción social, en comunidades costeras , me la encontré.
Besos y abrazos entre nosotras y esa risa de plata y cristal otra vez.
Me contó que su hija se casó y el otro estudia en la UNA y vive en Heredia.
Estaba tranquila. Se miraba feliz.
Me despedí. Con ojos húmedos recordé su historia triste y con ojos húmedos celebré su victoria.
No la volví a ver. La vida me llevó lejos de las costas y sus proyectos.
Hoy, no se por qué, la recordé y quise compartir con ustedes, ese valor de I.
I. querida, donde quiera que estés, te recuerdo. Espero que como esta fotografía, el sol salga para usted todos los días, lleno de cosas buenas.

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