CR-SAN JOSÉ. Aprendí a amar la paz. Guillermo Carvajal Alvarado

© Guillermo Carvajal A.

Los movimientos sociales improvisados conducidos por políticos amañados y con el objetivo de desestabilizar la paz. Ideas que épocas de pandemia nos ponen al filo de muerte. Y sirven de caldo de cultivo para grupos inconformes pero incapaces de unirse para proponer nuevas ideas que nos pongan a todos a producir

He vivido en sociedades violentas, si viví en Israel donde en la calle y los buses iban los militares con sus sus armas. Viví intentos de atentados en la Hebrew University of Jerusalén, trabajé un verano en Salvador recién cumplido el largo período de inestabilidad, viví la transición del franquismo a la monarquía electoral.

Soy hijo de un matrimonio que se formó en el último conflicto militar y político en Costa Rica entre Marzo- Abril de 1948. Uno de mis tíos falleció fusilado a los 20 años, otro fue exiliado político 10 años de su tierra y mi padre fue herido de guerra. Algunas veces iba con mi padre a la Pagaduría Nacional a cobrar su “pensión de guerra”.

De niño, durante mi escolaridad mis amigos tenían que ser de la misma filiación política que la que tuvo mi padre. Pero la regla en general, era la prohibición de hablar de política. El país estaba dividido en dos bandos: los mariachis o los caldero-comunistas y los liberacionistas.

Por eso amo la paz que supo construir mi país. La paz no surgió con la conclusión de la guerra, no la paz es una construcción social. Por eso siempre apoyará la paz y el cese de fuego que permita a los actores sociales discutir sus condiciones.

No creo en la paz que se impone al vencido. Al final los conflictos militares -políticos no son eternos y terminarán por extinguirse. Por eso es preferible la búsqueda de la paz en cualquier sociedad que haya conflicto militar.

Soy un creyente de la paz activa que surge de la capacidad de negociación entre los actores sociales. Soy un militante de los derechos humanos y del respeto al ser humano que no tolera la irresponsabilidad ni de las armas ni de los prepotentes que creen tener la razón.

Detesto estos viejos políticos salidos de sus sarcófago a vivir sus 5 minutos de gloria porque ya la democracia les pidió una y otra ves el retiro.

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