CHILE. Pequeña historia no contada del 11 de setiembre. Jm Abreu

CHILE: PEQUEÑA HISTORIA NO CONTADA DEL 11 DE SEPTIEMBRE
Julio Martínez Contreras, el pastor evangélico y carabinero que se negó a torturar y matar.
Esteban Quiroz

Hoy es 11 de septiembre, día en que se conmemora el golpe de Estado que dio inicio a una dictadura cívico militar en Chile, que costó miles de vidas. Todos los años nosotros recordamos a diferentes hermanos y hermanas que perdieron la vida por sus convicciones cristianas en este periodo. Como muchos saben, llevo tiempo investigando sobre este oscuro periodo, donde ya he publicado un pequeño artículo:
https://www.academia.edu/…/Sobre_la_necesidad_de_una…

Hoy les quiero conversar de una historia muy poco conocida, a la vez que pedirles ayuda para terminar de completar la historia. Hoy les quiero hablar del pastor evangélico y ex carabinero Julio Martínez Contreras.

Lo que sabemos del pastor Julio Martínez:

Diversas fuentes de memoria histórica de Concepción, relatan la siguiente historia: El sargento de carabineros y pastor Julio Martínez trabajaba en la ciudad de Chiguayante, era un señor de apariencia y voz campesina. De acuerdo con los testimonios de presos políticos sobrevivientes, el día 11 de septiembre de 1973, al ser informado de la insurrección militar mediante el golpe de Estado y de las ordenes de persecución política de parte de Pinochet, él señaló:
Yo soy pastor evangélico y mi religión me obliga a no usar la violencia contra mis semejantes.

Ante ello fue inmediatamente detenido, llevado al apostadero naval y luego a la Isla Quiriquina. Llegó allí con su uniforme completo al campo de concentración, cuando era consultado decía:
Mi sentido del deber y mi convicción de respeto por la Constitución me llevaron a dar un paso adelante y manifestar que no estaba dispuesto a sumarme al movimiento. Inmediatamente se me ordenó entregar mi arma de servicio y se me comunicó que estaba arrestado. Fui encerrado en un calabozo.

El poeta y ex preso político Alejandro Witker lo describe formando un grupo de lectura de la Biblia, cánticos y consuelo a los presos políticos:
A las pocas semanas, en el gimnasio, Martínez había creado un grupo de evangelistas con quienes se dedicó a leer y comentar la Biblia. Luego vinieron las oraciones y los cánticos. Primero, a media voz; más tarde, un grupo se instalaba en una esquina, a las cinco de la tarde, para cumplir con Dios y su conciencia. El grupo evangélico crecía día a día. Martínez, Biblia en mano, daba consuelo y esperanza. El liderazgo de Martínez en el gimnasio comenzó a inquietar a los marinos que nos custodiaban. Lo tenían en la mira telescópica, a la espera de algún pretexto para someterlo al mismo régimen que sus “enemigos de la Unidad Popular (UP), o el MIR”.
Un día apareció un funcionario de la Cruz Roja Internacional, a quien se pudo denunciar uno de los hechos que más conmovieron a los prisioneros en Quiriquina. Un profesor había sido sacado durante la noche con destino desconocido. Fue trasladado hasta el vecino puerto de Tomé y de ahí a Coelemu. Durante una semana lo mantuvieron ensacado y sin comer, hasta que, gracias a la tenacidad de su esposa que logró enterarse del traslado, se pudo comprobar que había una confusión de nombre con otra persona a quien se buscaba con orden de fusilarla.
-Te escapaste, viejo -le dijo un carabinero-; …no, no eres al que hay que dar vuelta… y vas a regresar a la isla…

El funcionario internacional interrogó al profesor, que permanecía acostado sin poder mover sus piernas, y tomó nota de sus denuncias en presencia de oficiales de la Marina.
Parece que se culpó al pastor Martínez de haber provocado la entrevista y que como represalia se le incomunicó.

La reacción en el gimnasio no se hizo esperar. Ese día, cuando llegó la hora de los cánticos evangélicos, sin el pastor, nosotros sumamos nuestras voces y prácticamente todo el gimnasio irrumpió, interpretando una sencilla estrofa que ya habíamos aprendido de memoria a fuerza de oírla una y otra vez:
Sin Dios nada somos en el mundo,
sin Dios nada podemos hacer,
ni las hojas de los árboles se mueven,
si no es por su poder…

A partir de este día, esos versos se convirtieron en la “canción protesta” con que los prisioneros comenzamos a hostigar moralmente a los infantes de marina. Cuando fuimos trasladados al estadio, el pastor Martínez fue con nosotros y allá siguió su prédica evangélica, y también fue con nosotros la “canción protesta”. Al atardecer, cuando marchábamos en filas hacia nuestras celdas para dormir, la pegajosa melodía evangélica se cantaba una y otra vez, causando notorio malestar a los carceleros. Era evidente que habían captado que cantando esas estrofas, las que no podían proscribir como subversivas, se recobraba, aunque fuera informalmente, el derecho a hablar en voz alta en su presencia.

Lamentablemente, a pesar de existir diversas fuentes históricas sobre este acontecimiento, no tenemos más datos del paradero del pastor y ex carabinero Julio Martínez luego de su traslado al Estado de Concepción, no sabemos si fue ejecutado, exiliado, relegado o liberado, no sabemos nada más de él, más que este pequeño espacio de heroísmo, consecuencia y evangelización. Si alguien tiene más información sobre su paradero final, estaré muy agradecido pueda comentarme.

De todas formas, con lo que sabemos hasta ahora, merece este pastor estar a la altura de grandes héroes de la historia de la fe y la Iglesia de Cristo, un lugar junto a José Matías Ñanco, Oscar Alajarín, Mauricio López, Elisabeth Kasemann, María Cristiana Gómez o Dietrich Bonhoeffer.

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