CR. Se deja de ser niño cuando se estrenan pantalones largos. Sergio Erick Ardón Ramírez

Eso me decía mi abuela Adelina que también me recomendaba, para ganar hombría, dejarme de carreras en el pelo y peinarme para atrás.
Los pantalones largos me los calcé el primer día de colegio, no tuve opción, lo del pelo no lo seguí más que esporádicamente, cuando quería ser hombrecito, y sin mayor convicción.
Difícil que a los casi 85 se pueda jugar de niño. Y sin embargo a veces siento las ganas de serlo, fue tan linda la niñez.
Hoy muy temprano me planté frente al espejo y me dije: “si, no hay quite, ya estás viejo”.
Pero me dio por jugar a volver a ser el niño juguetón que fui y entonces cogí la navajilla gillette y me rasuré el bigote.
Porque de niño no usaba bigote.
Ni yo me reconocí , 60 años de tener el labio superior escondido detrás de unos pelos, que primero fue un bozo de pelos finos descoloridos y después hirsutos pelos rojizos, para terminar en blanco.
Xinia dice que ese no soy yo. Que ella compartió cuarenta años de su vida con un hombre de bigote , cierto, que de colores cambiantes. Me amenaza con que le va a costar adaptarse, a esa boca “femenina”, y me anuncia represalias.
Me ha preguntado ¿por qué? No se lo pienso decir.
Es que la explicación puede no sonar creíble o convincente.
Como explicar que el bigote se fue, porque quise ser niño otra vez.

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