CR. En el Día de la Niñez. Luis Paulino Vargas Solís

En mi casa no sobraban los libros. Más bien escaseaban. No era de extrañar, puesto que a papi y mami ni siquiera se les concedió la oportunidad de terminar su primaria. Ya en primer grado me tiré el Paco y Lola en un tercio del tiempo estipulado, y doña Marita, mi Niña, me puso a leer otros dos textos. Entre los poquitos libros que había, recuerdo una vieja y amarillenta edición de Robinson Crusoe y otra del Conde Lucanor. También unas ediciones abreviadas del Jane Eyre de Charlotte Brontë, y otra del David Copperfield de Charles Dickens. Yo me los leí todos, más de una vez, puesto que no había más. Sobre todo, los dos últimos.

Tenía yo 8 años y estaba terminando mi segundo grado. Eran finales de 1966. Mi hermano mayor, Jorge Antonio, o Tony, como siempre le hemos dicho, que por entonces tenía 24 años, me hizo el que quizá haya sido el mejor regalo que yo haya recibido en mi vida. Traía en sus manos el Almanaque Escuela para Todos de 1967. Le puso una dedicatoria, en la que me decía algo como: “para que la lectura sea siempre tu compañera”.

Me lo leí entero, y me lo leí muchas veces. 55 años y miles de libros después, puedo decir que aquel consejo de mi hermano, sigue vivo y vigente en mí. La vida sin la lectura y el estudio, para mí no sería vida.

Gracias, Tony.

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