CR. Más pobreza y más desigualdad. Manuel Delgado

En treinta años, 1961 a 1991, la pobreza descendió en el país de 51% al 32% de los hogares. Cuatro años después había descendido al 20%, cifra en la que se ha mantenido desde entonces, más o menos otras tres décadas. Pero allí se quedó estancada por la gestión de muchos que hoy vuelven a pedir el voto.

El descenso de la pobreza es el resultado de las políticas aplicadas por un estado llamado por unos benefactor o paternalista y por sus oponentes, interventor.

El cambio de ese sistema en el comportamiento de la curva de la pobreza coincidió con la aplicación de un cambio en la filosofía del estado, es decir, con la introducción y la profundización del neoliberalismo.

A partir de los PAES, iniciados por Luis Alberto Monge y profundizados por Oscar Arias y Rafael Ángel Calderón (en eso ambos partidos estuvieron de acuerdo), el país se volcó al llamado equilibrio macroeconómico, la “apertura” (léase privatización) de parte de las comunicaciones y la electricidad, el sistema financiero y de seguros, la educación y la salud, descuidando, creo que alevosamente, el impacto que esas medidas tuvieron en la población más vulnerable.

Por otra parte, si la cifra porcentual de la pobreza no descendió en lo esencial, lo cierto es que el número de pobres de carne y hueso ha venido aumentando administración tras administración.

Figueres Olsen recibió un país con 680.000 personas en pobreza, y a cambio entregó otro con 722.000. Ese crecimiento se repite con Rodríguez (844.000), Pacheco (868.000), Arias (954.000) y Chinchilla (poco más de un millón).

Hasta Chinchilla, ellos recibieron en conjunto un país con 120.633 familias en pobreza en 1994, y nos heredaron otro con 285.557 familias en pobreza en el 2014.

Las cifras soltaron todas las amarras durante estas dos administraciones del PAC y el porcentaje de personas en pobreza alcanzó cifras similares a las de hace tres décadas. Según INEC la pobreza hambrea al 30% de las personas, es decir, hay un millón y medio de costarricenses en esa situación. Esos datos corresponden a julio del 2020 cuando apenas comenzaban a evidenciarse los efectos de la pandemia.

Por eso uno tiene derecho a preguntar a los políticos: ¿Qué camino diferente proponen ustedes? José María Figueres ya fue presidente de la República; Lineth Saborío, vicepresidenta. ¿Qué le ofrecen a esos costarricenses pobres a los que les fallaron? ¿Cuáles son esas políticas concretas? ¿En qué se diferencian de las aplicadas por ellos y todos los demás gobiernos hasta ahora?

En el caso de los gobiernos del PAC, el asunto no se restringe a un solo partido. Tanto el PUSC como el PLN han sido partícipes de la administración de Carlos Alvarado. Ministros de la presidencia de este gobierno han sido dos destacados liberacionistas, entre ellos su candidata a vicepresidenta de la elección pasada. En el caso del PUSC, este partido manejó los hilos fundamentales de la política económica bajo la batuta de su excandidato a la presidencia Rodolfo Piza. Además, ambos partidos han apoyado todas las medidas y proyectos antipopulares, todas las medidas y proyectos que han significado bajar el ingreso de los sectores medios y pobres y favorecer los grandes capitales.

Eso no ha cambiado y posiblemente en un gobierno de cualquiera de los tres partidos las cosas seguirán por el mismo rumbo, un camino que solo tiene como resultado más pobreza y más desigualdad.

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