CR-ASERRÍ. Leche, manteca y harina.*

Hace un tiempo leí la historia de un sacerdote que asistió a un desayuno para hombres en una zona rural.
El grupo le había pedido a un viejo granjero, que hiciera la oración antes del desayuno.
El granjero comenzó:
Señor Dios, odio el suero de leche…
El sacerdote abrió un ojo para mirar al granjero y preguntarse:
¿Qué está haciendo?
El granjero siguió diciendo en voz alta:
Señor, odio la manteca de cerdo…
Ahora el sacerdote estaba cada vez más preocupado.
Sin perder el ritmo, el granjero continuó: Y Señor, sabes que aborrezco la harina blanca cruda…
El sacerdote una vez más abrió los ojos y miró a su alrededor y vio que él, no era el único que se sentía incómodo con las palabras del granjero.
Entonces, el granjero agregó: Pero Señor, cuando los mezclas, todos juntos y los horneas, me encanta el pan fresco, que se obtiene como resultado…
Entonces, Señor Dios, cuando surgen cosas que no nos gustan, cuando la vida se pone difícil, cuando no entendemos lo que nos estás diciendo, ayúdanos a relajarnos, confiar y esperar hasta que hayas terminado de mezclar todo eso. Probablemente será incluso hasta mejor que ese delicioso pan…*_

En esta lectura, hay una gran enseñanza para todos, cuando se trata de situaciones complicadas y difíciles, como las que estamos viviendo hoy en el mundo entero.

*Yelba Castillo Camacho

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