PARAGUAY. “Mburucuyá”. Liliana N. Sosa

La Leyenda de Mburucuyá .
La leyenda cuenta la historia de amor entre una joven española que había arribado a las tierras guaraníes en la época de la colonia, acompañando a su padre, un estricto capitán de la flota europea, y un nativo aborigen que trabajaba las tierras del capitán y que llamaba cariñosamente Mburucuyá a su amada.
Los jóvenes amantes se frecuentaban en secreto, cuando el sol se ocultaba y Mburucuyá podía escapar de la atenta mirada de su padre. Ambos jóvenes se escabullían furtivamente hacia la selva, donde podían ser libres y amarse, lejos de los prejuicios y prohibiciones.
Sin embargo, como era común en esa época, el padre de Mburucuyá tenía otros planes para su joven hija, y arregló el matrimonio de la española con un comandante de alto rango de la tropa europea. La doncella temió perder a su verdadero amor, por lo que se negó al arreglo hecho y desató la ira del viejo capitán.
Desde aquel momento, los encuentros entre la doncella Mburucuyá y su amado comenzaron a ser cada vez más esporádicos y riesgosos, pues la joven sabía que su padre jamás aceptar la unión de su hija con un hereje enemigo. En uno de estos últimos encuentros, el joven aborigen obsequió a su amada Mburucuyá una pequeña flecha de afilada punta de piedra, adornada con plumas que había fabricado con sus propias manos especialmente para ella.
La joven guardó la flecha en uno de los pliegues internos de su vestido, para estar siempre cerca de su amor.
Una tarde, el capitán comenzó a sospechar de las extrañas y largas ausencias de su hija, y duplicó la vigilancia, obligando a la joven a permanecer dentro de las paredes de su hogar, sin poder salir a los rutinarios encuentros con su amado.
Con la caída del sol, el joven guaraní se acercaba, escondido entre las sombras hasta la ventana del cuarto de Mburucuyá y esperaba en vano a su doncella. Llevaba consigo su rústica caña de flauta, con la que entonaba unas suaves melodías para recordarle a su amada que él seguía esperándola.
Noche tras noche, la joven española escuchaba estas melodías de amor dedicadas a ella hasta que finalmente una tarde se dejaron de oír. La joven Mburucuyá se pegaba a su ventana intentando distinguir entre los cientos de sonidos de la selva, las notas de amor que le dedicaba su enamorado, pero era en vano, su amado ya no estaba allí.
La doncella sucumbió entonces ante la angustia y la desesperación de no saber qué había sucedido con su amante. Su piel se volvió pálida, sus ojeras se acentuaron y ya no pronunciaba palabra alguna. La tristeza y el dolor la invadieron por completo.
Al fin, una tarde Mburucuyá escuchó pasos y sonidos de alguien moviéndose por entre los matorrales debajo de su ventana. Esperanzada y sin importarle la vigilancia que había puesto su padre, abrió la ventana y se escabulló hacia las afueras, esperando encontrarse con su enamorado.
Sin embargo, se cruzó con una vieja india, que se presentó como la madre del joven amante de la española. La mujer, conocedora del amor entro los jóvenes, se había acercado a narrarle el trágico final que había sufrido su hijo. El Capitán había descubierto al aborigen bajo la ventana de la habitación de su hija al oír las melodías que entonaba con su flauta y al entender que aquel era con quien se frecuentaba, había mandado a sus hombres a acabar con su vida.
Devastada, la joven Mburucuyá le pidió a la mujer que la llevara a ver el cuerpo de su amado, por lo que la vieja india la condujo hasta un claro en la selva, donde descansaban los restos del joven guaraní, sobre un colchón de hojas.
Enloquecida de dolor, Mburucuyá cavó una fosa en la tierra con sus manos y depositó el cuerpo inerte de su amor en ella. Se recostó sobre él y tomando de entre su vestido la flecha que le había obsequiado se amor tiempo atrás, se quitó la vida, clavándosela en el corazón.
La vieja india enterró los cuerpos de los enamorados en aquel claro, en el medio de la selva y tiempo después, al visitar la tumba de su hijo descubrió asombrada que del centro de la sepultura brotaba un tallo verde y delgado. Con el paso del tiempo, el brote creció y se transformó en una gran enredadera nunca antes vista por los nativos del lugar y la llamaron mburucuyá en honor al amor entre los jóvenes.
Como la flecha clavada en el corazón roto de la joven española, la enredadera dio flores con pétalos similares a plumas y frutos con pulpa roja como la sangre. Los actuales habitantes de la selva guaraní, sostienen que la flor de la pasionaria muestra las características de la pasión de Cristo, porque Jesús aprobó el sacrificio de la joven Mburucuyá por su amor guaraní.🙏
Pasiflora caerulea , comúnmente llamada Mburucuyá, Burucuyá, Mburukuja, Pasionaria, flor de la pasión, Maracuyá o pasionaria azul, es una especie de trepadora nativa de Sudamérica

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s