URUGUAY. Como vino se fue. Pablo Martínez Ferrari

Yo voy a poder contarle a mis hijos que el Presidente Revolucionario de Uruguay un día dijo “quiero descansar” y se fue a la casa.
Sin lujos, sin llevarse nada, vuelve al barrio al que nunca dejó. Renunció a vivir en la lujosa residencia presidencial y donó cerca del 90% de su sueldo (unos 6.700 de 8.700 euros al mes) lo donó a un programa de construcción de viviendas sociales. El Pepe hizo de este país un ejemplo a seguir en ampliación de derechos: Aborto legal seguro y gratuito, matrimonio igualitario y legalización del cannabis. Redujo el nivel de pobreza del 39% en 2004 al 12% en 2012. Durante su mandato el salario real de los trabajadores mejoró un 12,6%.
Él, el tipo qué le tocó el culo a los pitucos de siempre con su apariencia, con su austeridad y su coherencia, reconoce errores y cosas aún por hacer y vuelve a su casa silbando bajito. Renuncia a su cargo de senador de la República y le deja el lugar a militantes jóvenes.
“Quiero descansar antes de morirme” dijo y se fue… más entero, más digno y con la frente en alto.
GRACIAS totales Pepe.

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