CR-TURRIALBA. Una muerte dolorosa. Marco Aguilar

Me ha dolido la muerte de Lafitte. Me ha dolido. Teníamos planes, conversaciones, muchas tazas de café pendientes.
Hace más de dos años nos fuimos para si finquita, junto al Sitio Arqueológico de Guayabo donde tuvimos seis horas de charla-entrevista . Me contó que veinte años atrás hizo un convenio con CATIE para sembrar allí árboles de la zona, especialmente de los que atraen pájaros. Ahora, veinte años después, estos árboles han crecido y, efectivamente, son un imán para las aves; incluso vienen ornitólogos extranjeros a estudiarlos.
“Tenemos que venir otro día- me dijo cuando ya estaba orcureciendo- porque nos falta más de la mitad de la hablada”. Todo lo grababa, y además tomaba notas en la libreta. Había entrevistado a gran cantidad de personas, artistas, políticos, científicos, pero me contó con especial énfasis sobre las tres veces que habló con Gabo, una de ellas por casualidad.
Teníamos en común nuestro amor por Turrialba. Él, igual que yo, amaba este valle y era feliz aquí. Recuerdo las veces en que Roberto Barahona, dueño del Restaurante La Feria, me llamaba: “que aquí está Lafo y quiere saludarte”.
Me parece mentira que ya no está La Feria ni Lafitte tampoco. ¡Caramba con Lafitte! ¡Caramba con la vida!

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