EE.UU. Otra pesadilla. Sergio Erick Ardón Ramírez

Que no es igual pero se parece.
Pretender montar “democracias” a su estilo , para enmascarar el propósito verdadero de afirmar su buscada hegemonía, ha llevado, una vez más, a los estrategas imperiales al fracaso.
En Washington se esmeran en maquillar con el nombre de retirada acordada lo que es una sonada derrota.
Veinte años, más de tres mil muertos y billones de dólares después, lo logrado se pierde en horas.
Afganistán, como sucedió en Vietnam, demuestra que a dólares y a balazos, no es posible doblegar a pueblos que tienen su identidad y que rechazan imposiciones y sometimientos.
La época de los imperios y las hegemonías es historia. El mundo es otro muy distinto al que diseñaron en sus mesas llenas de computadoras y de sesudos estudios las “lumbreras”, que creen saberlo todo.
Al desastre cantado de Afganistán, hay que sumar los fiascos de Irak y de Siria, la pérdida de la iniciativa en esas regiones, en las que se asientan nuevas fuerzas que no son amigas ni complacientes serviles.
Hay en Washington quienes aconsejan replegarse a los bastiones de Europa y de América, y dar por perdida la partida en el Medio Oriente.
Pero renunciar a las inmensas riquezas del Medio Oriente, no es un trago fácil de tragar.
Europa a ratos parece hastiada de ser soporte y aliada menor, y tiene enfrente a Rusia, cuyos recursos son tentadores, pero no para apoderarse de ellos sino para comerciar. Desde que Napoleón, primero, y después Hitler, se estrellaron contra la realidad en las estepas de Rusia, los europeos han ido entendiendo que ese país puede ser un buen socio comercial, pero protectorado, jamás.
Topa entonces USA, con una Europa que entiende que con Moscú, lo mejor son los acuerdos. Y que ese camino debilita sus designios.
En América las cosas no andan mejor.
La doctrina que dice “America for the americans”, está en franco entredicho. América Latina ya no es aquel conglomerado de países dóciles y asustadizos, fáciles de manejar. Quiere labrarse su propio destino, sin ser patio trasero de nadie.
La marea apunta en la dirección opuesta a la que quisieran en la Casa Blanca. Se pide, y hasta se exige, respeto, y relaciones entre iguales, sin dependencias ni vasallajes.
La derrota de Afganistán tendrá repercusiones hondas, sin duda.
Para bien y para mal.
Las fieras heridas y acorraladas tienden a ser doblemente peligrosas, aunque su destino este cantado.

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