CR. Tolerancia religiosa. Max Porras González

—Hola, hola. ¡Que alegría! Me costó contactarte pero al fin te localicé.
Era una ex compañera de colegio, hacía casi cuarenta años de no hablar con ella, había conseguido el número de mi hermano para preguntarle por el mío.
—He tratado de contactar a todos los compañeros de colegio, quiero que hagamos un “chat” para estar comunicandonos y hablar que ha sido de nuestras vidas.

Conversamos un rato, de excompañeros, de nuestros matrimonios, de nuestros hijos, de nuestras vidas.
—Y vos ¿Has estado en contacto con algunos de nuestros ex compañeros?
—Mmmm, no mucho, en Facebook pero vos sabés que allá en el pueblo son algo conservadores y los temas que toco les parecen, que te digo, un tanto “incómodos”.
—Yo no tengo Facebook— me dice—¿De qué comentás?
—Me gusta la política, religión…
Ahí me interrumpe.
—¡Ay! yo no sé por qué ofenderse o incomodarse porque alguien hable de religión, yo me llevo con todos, soy evangélica—agrega—y me llevo bien con los católicos, respeto y me respetan.
—¿Vos de que religión sos? —me pregunta.
—No soy creyente —le respondo.

No sé si me pareció pero la oí tragar grueso, luego balbuceo y me dijo: ¡Ah entiendo, entiendo!

La despedida fue breve y no tan emotiva como el saludo.
De eso hace cerca de un año y no sé que pasó con el grupo de chat en que me iba a agregar.

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