CR. 20 largos años. Sergio Erick Ardón Ramírez

Ese ha sido el tiempo transcurrido desde el momento en que USA resolvió invadir Afganistán.
En ese largo tiempo de guerra incesante murió mucha gente. Son más de 3.000 los soldados usamericanos caídos, sin contar a los varias centenas de ingleses, australianos, franceses y de otros países de la OTAN que cayeron.
Siendo decenas de miles los afganos sacrificados, la mayoría gente inocente, que se vio envuelta en los combates de una guerra irregular.
USA no solo comprometió a miles de soldados, sino que desplegó sobre el territorio afgano sus armas más sofisticadas y modernas, incluyendo sus bombarderos más mortíferos, los B52, que también y con resultados similares ya había usado en Vietnam. Tanques, cañones, helicópteros , cazas, drones, los más modernos métodos de exterminio.
Después de este doloroso drenaje de sangre y de billones de dólares, en 20 años, ahora se ha iniciado la retirada, no a la carrera, en huida, como sucedió en Vietnam , sino ordenada y pausada. Pero retirada al fin, que enmascara la derrota.
No han terminado de salir los soldados y los medios, y ya los talibanes a la ofensiva, van ocupando una tras otra las capitales provinciales y controlando territorios.
Esos talibanes, primitivos, armados precariamente, campesinos sembradores de amapola, criadores de cabras, envueltos en sus vestidos tradicionales con sus trapos y sus turbantes, seguidores fundamentalistas del Corán, han vencido.
Y han vencido porque son guerreros de siempre, tozudos y empecinados, pero sobre todo porque son afganos, y luchan en su territorio ancestral, por lo que siempre ha sido suyo, entre los suyos.
Otra lección más, si hiciera falta, de como el poderío tecnológico y militar no es suficiente para salir airoso de aventuras que implican invasiones de tierras extrañas, en realidades que no se conocen, imponiendo soluciones que la mayoría no hace suyas ni quiere.
Afganistán es asiento de una sociedad atrasada, sin duda, pero nadie en el mundo puede obligar a ese pueblo a cambiar, sus costumbres y sus formas de vida.
Así haya que combatir una eternidad.
¿Se habrá aprendido la lección?
No es la primera.

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