ARGENTINA-FRANCIA-PARÍS. “Perdóname Madre, estás tristezas mías”. Atahualpa Yupanqui

París. jueves 28 de Septiembre/ 78
Querida Mamá: Ha comenzado a esta fresca la tarde, y no hubo sol desde ayer. Quizá sea por eso, la cosa es que me sentí unos días muy deprimido, y en consecuencia escribí palabras que tú y Coyita pueden tomarla como ofensa, y no es así. Les pido perdón. Mis preocupaciones, por momentos alcanzan dimensiones enormes, y tengo el hábito de pensar en voz alta, o de escribir lo que siento. No siempre es aconsejable esto, y temo ahora de haber producido dolor o resentimiento en ti o en Coyita. Perdón, nuevamente. Es que por momentos veo el horizonte familiar un poco desfavorable, como rutinario, como si nada pasara en el mundo, y temo por nosotros, por ti, por tu salud, por Coya y su provenir. En fin, pienso ahora que no es para tanto, aunque tampoco no fuera para tan poco, para descuidar los asuntos del mañana.
Estoy estudiando guitarra, temas, ajustando canciones, y noto la natural declinación. Son muchos años de profesión, y son setenta de edad, muy trajinados, muy perjudicados espiritualmente por las mil razones de la existencia. Porque sabemos que siempre fue muy desparejo mi destino y mi suerte. Estoy enfrentando ahora la misma pobreza de cuando comencé. Esto no me asusta, si no en la medida en que pueda repercutir en ustedes. Yo estoy acostumbrado a tener poco; siempre que tuve dinero o cosas, fue para darlas a mi familia o a mis amigos, lo mismo corbatas que relojes, cosas, dibujos o dinero. Todo esto me ha tomado ahora un poco entristecido. Además, la falta de vacaciones contigo, tu enfermedad, el no ir a ver a mi hermana, todo se ha juntado entre las cosas que parecen asuntos irremediables, y entonces terminan produciendo en mi espíritu un decaimiento del que quiero salir cuanto antes.
También te diré que me ha afectado mucho el no poder trabajar libremente en mi patria. Esa prohibición solapada, egoísta, de puñalada trapera, de hipocresía, de sucia argentinidad, de sistema típico peronista-fascista de nuevo tipo, me duele mucho, porque no soy persona de andar haciendo denuncias, ni de hablar mal de gentes, de gobiernos, de personajes, aunque mucho los veo deformes, enanos, aviesos, tramposos, y sobre todo mal intencionados para con los ciudadanos y con la Patria misma, como si es eso tan sagrado fuera una propiedad particular, alambrada, electrificada, custodiada a la metralleta, sin honorabilidad, sin el buen ánimo honesto, limpio que debe regir entre los hombres criollos que aman la misma bandera sagrada. Todo esto, Mamá, me produce una enorme tristeza, porque no quiero sumarme a las mil voces que en cada pueblo del mundo insultan y desprecian y maldicen a los que mandan como mandan.
Bueno, espero serenarme, Madre. Te quiero mucho, y deseo que te recuperes, puedas ir al cerro con el Coya, arreglar los impuestos rurales, hacer engrasar las monturas antes que se pudran, etc.
Perdóname, Madre, estas tristezas mías, y ruego para colla que no piense mal de mí.
Mucho los quiero, y los abrazo fuertemente. A paulita, mi bendición.
Hasta mañana. Tata

(Del libro “Cartas a Nenette”)

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