CR. Una tragedia más. Rolando Fernández Aguilar

No es ni la primera, ni será la última emergencia asociada al cambio climático y a la pésima gestión del riesgo. Aquellas agrupaciones políticas que han negado el cambio climático, o que se niegan a aprobar y avanzar en políticas públicas, cambios de paradigmas y mecanismos que contengan y modifiquen nuestra estructura institucional sobre el cambio climático (Acuerdo de Escazú por ejemplo) les invito a Turrialba, a que comprueben como un inexistente control de construcción del riesgo y plan regulador, sumado a las transformaciones climáticas tiene a cientos de familias abnegadas, locales comerciales destruidos, caminos y carreteras destruidas, y miles de colones en pérdidas materiales.

Lo crítico es que este tipo de emergencia tienen como “presa” a los sectores más empobrecidos y vulnerables, porque claro cuando hablamos de desigualdades no solo nos estamos enfocando exclusivamente económico, sino como estas disparidades estructurales también se interseccionan con lo territorial, lo ambiental, el género, etc, etc, etc.

Esto parece complicado que lo comprendan en la disputa de ideas y discursos aquellos sectores negacionistas, o que simplemente por puro cálculo de intereses lo obvian; pero no cabe la menor duda que también lo podemos comprobar empíricamente, con hechos concretos y tangibles, les invito nuevamente a Turrialba, muy cerca de las fotos que adjunto. Porque lo sucedido no se circunscribe únicamente a que pasó una onda tropical, o que se construyen sobre las laderas de los ríos, el fenómeno es muchos más profundo, y es político también.

Lo sucedido en el Caribe y Turrialba es reticente, histórico si se quiere, pero cada vez con mayor fuerza, y así como sucede hoy en mi pueblo, en los próximos meses puede ser Guanacaste, Puntarenas, Zona Norte, etc. Otra vez en la “periferia”, en aquellos “cinturones” de riesgo social, ambiental y de profundización de las desigualdades.

La mezcla perfecta de un modelo depredador del ambiente y altamente excluyente y desigual, pésima gestión pública sobre el riesgo, y el negacionismo de sectores políticos, así como un enfoque fragmentado sobre el riesgo, nos tiene hoy con una tragedia más.

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