CR-DESAMPARADOS-Buen Vivir. Reflejo de nuestra identidad: la corrupción. Daniel Ruiz

Hay un condicionamiento operante para un gran numero de los nacidos acá por estos rumbos. Desde güilas vamos recibiendo una dosis ambiental para vivir bajo uno de los más grandes reflejos de nuestra identidad: la corrupción.
En las conversaciones de sobremesa está siempre el redomado axioma: «tonto el que no roba» que también tiene sus equivalentes en aquellos aderezos verbales que justifican el desplume: «en arca abierta hasta el justo peca». Y, si se agarra a alguien untado con la evidencia en las manos en la masa, siempre hay un defensor justificando la mordida y el dolo: «en río revuelto, ganancia de pescadores».
Desde la téta se nos enseña a «coger el atajo». A estar con el serrucho listo para apropiarnos de la tablas generales de cualquier presupuesto. En otras palabras, todos vamos tras la «comisión», el «peaje» e internacionalmente somos conocidos porque padecemos una gran sed. Siempre esperamos que nos den «algo para el cafecíto».
El carajíllo se acostumbra a que su padre «hable» con el docente para «mejorar las notas», para reponer exámenes, para obviar ausencias, para exonerar castigos. En la escuela, entre los alumnos, es una sacrosanta institución el “copiar“ a la hora de las pruebas, llamada, sagradamente, “El Fórro“. Inclusive la práctica se ha extendido a las universidades. No es raro encontrar a un «respetable» docente de nivel primario o secundario —en función de alumno— desenrollando, cual acordeón, la respectiva «ayuda de la memoria» del forríto escondido bajo la manga o tatuado en la pierna bajo la enagua, (desde la rodilla hasta la ingle), si de féminas se trata.
Desde pequeños vamos recibiendo una dosis ambiental para vivir bajo el más grande reflejo de nuestra identidad: la corrupción.
Si se tienen que conseguir trabajo hay que buscar las “pátas“ al “compíta“, la palanca, la carta de recomendación, al influyente, al que sea, al dueño de partido, al compadre hablado, al «más más». Aquí no valen títulos, méritos, grados, currículos, excelencia académica o experiencia laboral. Los perfiles que se buscan son otros.
Cuántos han resultado sobresalientes en un examen de aplicación para el puesto en cuestión o la beca al exterior o interior, pero, pronto, como salidos de la nada, un don Nadie o una agraciada Doña, ocupan el cargo propuesto. Sus méritos: soborno discretamente oportuno y, frecuentemente —natural entre nosotros— el pago en especie vía alcoba.
Las licitaciones, las ofertas de contratos, de empleos y servicios son nominales. Nada más por taparle el ojo al santo. Por el que dirán. Por cumplir con el formulismo legal. De antemano se sabe cómo se cuecen habas en este país.
Pero hay, sobre todo, un gran condicionador de la mentalidad de la corrupción, especialmente entre los jóvenes. Ellos ven que las grandes figuras políticas ya sean del PAC, del PUSC, o del PLN, culpables de los más escandalosos fraudes contra nuestra sociedad, campean orondos por la tele, por las páginas de los periódicos y las redes sociales, recibidos en todas partes como los grandes señores, como aristócratas encopetados, pavoneándose en su impunidad, la inmunidad del compadrazgo y seguros de que nunca la justicia les pedirá cuentas porque aquí —entre nos— la cárcel sólo alcanza al que se roba unas cuantas picarítas, unas gallinas o un racimo de bananos. Los millonétas, de moneda mal habida, están tan tranquilos y seguros de que aquí no les va a pasar nada como a Doña Ofelia o al asesino de ciclístas.
Hay un ambiente generalizado que hace un panegírico a la corrupción. En ese caldo de cultivo ponen su cuota las telenovelas de Narcos, el cine pornográfico y violento;; la sanguinolenta y amarillista página de “La Bocóna“, (sea La Extra o La Téja); el artificial bombo a las figuras del tal “avioneta set nacional“ (prepagos, músicos, poetas y escultores de poca valía, nobleza decrépita y decadente) y el sensacionalismo y la ponderación de la noticia hueca de duración efímera rosada y vacía, al estilo de Duddly Linch. En fin, toda aquella información que ponga como supremo valor en la vida el dinero abundante y fácil como acostumbran los personeros del Canal Gay de La Sabana.
Contrastando con esta avalancha de excremento, desempleo, desidia y desinterés por la política verdadera, la del Estadista, el joven carece de ejemplos a seguir, de paradigmas éticos. Los valores se han esfumado. No hay respeto a la institucionalidad. El espejo que tiene enfrente ya no es el del gran héroe de la historia. Su modelo es el triunfador de moda, el Raegguetonero, el Narco y su vidilla de lujo efímero. El Hombre de Corrupto, (el capo, el extraditable, el politiquero mafioso, el narco-castrense, el jefe de pandilla de de la llanura y de altura, el hombre fuerte, el desalmado torcedor de la ley, “el Guevo“, el pillo de siete suelas) no importa el precio corrupto que haya tenido que pagar. por eso ¡Organicémonos!
ya es tiempo. 🇨🇷
⚒ Daniel Ruíz. XXIX

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s