CR-NICARAGUA. 19 de Julio de 1979. Sergio Erick Ardón Ramírez

Acosado por las columnas guerrilleras victoriosas, que habiendo tomado las ciudades convergían sobre Managua, la tiranía somocista intentó una última jugada con Urcuyo “el Breve”, que apoyaba USA, y al fallarle, ante el abrumador empuje revolucionario, se dio a la fuga.
Ese 19 de Julio de 1979, marca el día en que el sueño de una Nicaragua Libre comenzaba a ser una realidad.
Antes, el camino había sido difícil , muy difícil y costoso. Fueron muchos de los mejores hijos de la Patria de Sandino los que perdieron la vida en la refriega.
Aportando nuestro grano de arena, metiendo el hombro con toda resolución, conocimos personalmente a muchos de ellos. Los que juraron: “Patria Libre o Morir” y murieron.
La lista de aquellos nicas generosos, llenos de ideales y de sueños, la encabezan por derecho propio Carlos Fonseca, Oscar Turcios, Carlos Agüero, José Benito Escobar, Pedro Aráuz, German Pomares, Julián Roque, Antonio Rodríguez, Roque Marín, Oscar Montenegro, Julián Rodríguez, y otros a los que dimos el abrazo sin saber nunca su nombre.
Desde el primer día, desde ese glorioso 19 de Julio de 1979, sin que las lágrimas de alegría se hubieran secado todavía, se inició la conspiración para evitar que la naciente Revolución diera sus frutos.
El más poderoso de los imperios que la Tierra haya conocido, dispuso que, costara lo que costara, no había cabida en suelo continental americano para otra Cuba.
Así lo entendían en su estrechez y en su soberbia.
Nicaragua no sería otra Cuba, porque por afinidades ideológicas que pudieran haber, la historia y las circunstancias nacionales no eran iguales. No hay dos países donde lo sean.
Vino entonces la guerra de desgaste, 10 años de ella, una guerra fratricida, 100.000 mil muertos, y muchos destrozos y pesares. Nuevas y largas listas de mártires fueron engrosando los anales.
Después vino con el agotamiento y la sangría, la paz condicionada. Durante tres períodos consecutivos, 16 años, gobernaron en Nicaragua, gentes enemigas de los cambios revolucionarios. Uno a uno, sistemáticamente los avances logrados fueron desmontados.
No pudieron aplastar al sandinismo, que sobrevivió a las acechanzas, pero si lograron que afloraran desviaciones y deformaciones, que la pureza de los ideales iniciales dieran paso al pragmatismo y las debilidades.
Sobre lo que hoy acontece en Nicaragua se puede tener la posición que sea, pero no cabe olvidar.
Muchos de los que algo aportamos, quisiéramos que fuera diferente, más apegada a lo que llevó a la lucha, al sacrificio y la victoria.
Somos críticos, a veces amargamente críticos. Pero como hemos conocido hechos y actores, sabemos que las correcciones y las soluciones no pueden, de ninguna manera, venir de las consultas y las coordinaciones con Washington.
Hacerlo, y algunos lo hacen, es negar la esencia misma por la murieron tantos y tantas, es renunciar al legado de Fonseca y de Sandino. Es claudicar en toda la línea. Es pasarse con armas y bagajes al enemigo.
A nosotros nunca nos encontrarán de ese lado.

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