CR-ESCAZÚ-San Antonio. Don Beto y emblemática casa típica.

El año anterior hice algo así como un “tour”, que recomiendo a cualquiera que desee vivir buenos momentos y conocer gente inspiradora. Consistió en andar unos días por medio Escazú en mi bicicletica, capturando fotos con el celular, de las hermosísimas casas de adobe y de arquitectura colonial, que aún se pueden ver por este cantón, y que atestiguan la grandiosidad del antaño costarricense.

Tomé muchas fotografías… confieso que en la mayoría lo hice furtivamente, pues mi intención era tenerlas para admiración propia, pero la magia de la belleza campestre que de éstas brota, como el verdor de las montañas entre la bruma, me persuadió a publicarlas en una página de Escazú… porque deseaba que las personas contemplaran también, esas joyas que rememoran la sencillez a la vez de grandeza, que dio la Identidad a Costa Rica.

Uno de esos días, pedaleaba cuesta arriba por el encantador Pueblo de San Antonio, y me detuve a capturar la imagen de una hermosa casa, la cual me dio la impresión que ha sido musa de lindos óleos y exquisitas acuarelas.

En ese preciso instante, venía caminando por la acera un adulto mayor campesino, y me dije, “qué bendición, ¡con ese señor ahí, la foto quedaría mejor!” Así recuerdo la breve conversación que tuvimos:

¡Hola señor! ¿cómo está?

-¡Bien y usted! -Me contestó con voz bajita y tono senil.

-¡Qué valiente señor!, ¿viene de trabajar?

-Sí ahí vengo de ayudar en una finca.

-¡Qué carga!, y disculpe señor ¿cuál es su nombre?

-Humberto Montoya, me conocen como Beto aquí por San Antonio.

-Un verdadero gusto don Beto -le dije con respeto- ¿usted me permitiría tomarle una foto a la par de esta casita?

-Claro sí, pero diay ¡me va tener que pagar derecho de imagen! -contestó en gesto bromista (y esto no es invento, me transmitió buena vibra, por lo espontáneo y jocoso de la respuesta).

-Claro, claro don Beto.- le contesté también sonriente y agradecido.

Después de capturar la foto, conversamos brevemente sobre personas que conocíamos en común, y al despedirme, quise hasta darle un abrazo, pero en ese entonces estaba en auge la pandemia, por cuanto mantuve distancia para evitar algún riesgo a don Beto (hoy por hoy sabemos que todos debemos cuidarnos), eso se lo expliqué con tacto, mas sí le hice ademán de sincero apretón de manos y abrazo, que él agradeció con afable sonrisa, y con la mejor despedida que a uno le pueden dar:

«¡Dios lo acompañe muchacho!».

Y lo vi alejarse con sus pasitos cortos, dejándome como recuerdo en la fotografía, el semblante de la humildad y sencillez del legítimo labriego, roble que enorgullece e inspira a cualquier costarricense.

Que Dios le pague con creces y bendiciones don Beto, sus inestimables derechos de imagen.

A don Beto (Humberto Montoya Corrales). 85 años.
Campesino muy preciado en Escazú.
Certero pronosticador del tiempo.
Posando junto a la mayestática casa de la Familia del Sr. Rigo Sandí.

*Relatos y anécdotas

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