CR-SAN JOSÉ. Barrio Sagrada Familia. Mi barrio fue un laboratorio de dignidad. Guillermo Carvajal Alvarado

© Guillermo Carvajal Alvarado
carvacr@gmail.com

¿Que tenía ese pueblo? Ese pueblo, y aquí parto de mi barrio Sagrada Familia, tenía gente luchadora, mujeres y hombres luchadores que con poco hicieron mucho. Doña Isabel Fletes, una señora encantadora, dulce y risueña, consejera espiritual de todas nuestras madres, expendía carbón desde su casa, solidaria como no hubo dos seres humanos lo podía vender fiado como decimos, y no creo que mucha gente le amarara el perro.

Don Guido Ovares, que hacía lo mismo que Doña Isabel pero le agregó un plus, valor que fue transportarlo en carretas hasta la casa de los clientes y amasar un pequeño capital. Don Guido Ovares, pudo construirse una carretera y tener un reparto de carbón y luego compró carros de esos grandes.

Don Manuel Solera labraba el mármol y pudo educar una familia numerosa. Sus hijos heredaron su oficio y visión de comerciante lo llevó a poder dar educación a sus hijos y a heredarles un taller de renombre. Los Marín nos enseñaron que, con los bancos hechos de desechos de madera se podía educar una familia, y así los Díaz Abarca vieron el ejemplo y montaron un taller artesanal, al igual que Luis Monge, sus hermanos e hijos y le fue bien y pudieron mejorar como familia. Tuto descubrió que los ganchos para colgar ropa podían ser un buen negocio, y montó un taller con el que creó cierto bienestar, y los hermanos Solano, Pirulo, Bomba, montaron un gran taller de ganchos.

Los Álvarez Flores, construían muebles, ya era una empresa más grande y generaba empleo para otros vecinos y muchos fuimos pericos en el taller de don Miguel Álvarez.

Don Francisco Romero y Tiliano Flores vivían de repararnos el calzado y en ocasiones de vendernos calzado de primera. Doña Cándida Chaverri cocía ropa de niña, enviudó muy joven y se dobló su vida frente a una máquina para sacar sola adelante a sus dos hijos.

Don Santos Mora, conocía los problemas de transporte y se especializó en la mudanza de casas, pero si no había mudanzas, transportaba lo que fuera, con su pequeño capital construyó viviendas pequeñas que alquilaba a las familias y pudo crear un bienestar y educar a todos sus hijos.

Don Paco Méndez era nuestro albañil y carpintero y vivió de reparar y ampliar nuestras viviendas, su esposa doña Tina hacia engordar chanchos en el patio de su casa, sus hijos siempre fuertes y robustos con pura carnita de chancho.

Esa era la Costa Rica de antes nadie, ni pedía un préstamo, las cosas se hacían a güevo, con sacrificio, con esfuerzo y unidad de la familia, esa fue la Costa Rica y el barrio en que viví. Ahí aprendí los grandes principios de la economía de que no hay bienestar sin esfuerzo. Si quería casa había que ahorrar y luchar por ella y se empezaba por algo simple, un rancho de cuatro por cuatro y de ahí con los años y esfuerzo se construí una verdadera casa.

Por eso creo en la dignidad combinada con el esfuerzo, aquí nadie va a venir a salvarnos de nuestros problemas internos, solo organizados y con la mente fija en cambiar y forjando ideales en un futuro mejor y luchando día a día por ellos, solo así es que volveremos por la senda del progreso.

Retornemos al camino que dejamos perdido, reconstruyamos moralmente, volvamos a ser la Costa Rica solidaria, amante de trabajo; que no nos engañe el político torpe que cree que con promesas va a obtener nuestro voto. Pero sobre todo volvamos a la dignidad, luchemos por construir mejores familias.

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