CR. Que se haga a un lado. Luis Paulino Vargas Solís

Oyendo a la propia Emilia Navas, una cosa es clara: su proceder es legalmente correcto. La cuestión, sin embargo, creo que cae en un ámbito distinto: en cierto modo ético, pero sobre todo político.

Claramente no hay nada ilegal en el hecho de que el esposo de la fiscala, sea el abogado que representa poderosas empresas implicadas en casos de gran impacto mediático y político, en los que hay mucho dinero de por medio. El problema está en el claroscuro que esto genera, esa zona de indefinidos contornos, opaca e inaccesible, donde juegan vínculos muy íntimos, entre personas que, por la posición profesional de cada quien, mejor fuera que no los tuvieran.

Y de ahí se salta a lo político y los sentimientos que esto despierta en la ciudadanía. Emerge entonces la preocupación sobre la legitimidad y confianza que la fiscala inspira. Ese es el aspecto clave. Ya bien lacerado está el prestigio de la institucionalidad democrática, y el del propio Poder Judicial, para sumarle suspicacias alrededor de la actuación de la fiscalía.

No menospreciemos ese detalle: la confianza es esencial para que la democracia funcione. Cuando esa confianza se desmorona, todo el edificio se pone en peligro.

Al inicio de su gestión, Emilia Navas me generó enorme confianza. Hoy lamento decir que lo más saludable sería que se haga a un lado.

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