CR. Día del Padre. Giovanni Beluche V.

La sociedad de consumo, con sus angurrientos comercios, nos atiborra de mensajes insulsos del tipo “haga feliz a papá en su día”. La felicidad que proponen se llama pantalla plana; celular con inimaginables funciones, que hasta sirve para hacer y recibir llamadas; y cómprele un auto, regale un viaje, un perfume francés…; como si el amor cupiera en un envoltorio de regalos. Los medios de comunicación y los grandes comercios haciendo plata y la gente pobre gastando sus “cinquitos” para quedar a la altura del acontecimiento. Y si le resulta inevitable comprar, hágalo en el negocio el barrio, consuma y use lo que el país produce.

En vez de tanto consumismo, dediquemos una reflexión al padre campesino, el que con sus manos maltratadas cultiva la tierra desde antes que el sol asome sus primeros rayos. ¿Por qué no le “regalamos” un país que les apoye con crédito accesible y tecnología de punta? También pensemos en el padre obrero de la construcción, que bajo el sol y la lluvia prepara la mezcla de concreto para edificar las casas que otros habitarán. ¿Por qué no le “regalamos” un país donde se respeten sus derechos laborales y sociales?

Recordemos al padre joven, que con esfuerzo trabaja para poder pagarse sus estudios universitarios, soñando con un futuro mejor para sus hijos e hijas. ¿Por qué no le “regalamos” un país que otorgue un presupuesto justo a las universidades públicas y así pueda gozar de una beca? Y el padre migrante, que en silencio llora en las noches recordando la carita de su bebé que no ha besado en años, porque lo tuvo que dejar en Nicaragua para buscar trabajo entre nosotros. ¿Por qué no le “regalamos” una sociedad que no lo discrimine y que le facilite la reunificación familiar?

Tengamos presentes a los abuelos, que son doblemente padres, que en sus nietos y nietas vuelven a ser padres. ¿Por qué no les “regalamos” un país que les provea una pensión meritoria, que les garantice acceso a medicamentos y una buena calidad de vida? Y el padre vendedor ambulante, que en un improvisado tramo vende mercancías para aplacar el hambre de su familia. ¿Por qué en vez de la represión de la policía municipal no le “regalamos” una sociedad donde se le abran opciones de trabajo digno?

No olvidemos al padre indígena, despojado de su historia por los colonizadores de ayer y de hoy. ¿Por qué no le “regalamos” un país que no lo trate como extranjero en su propia tierra, que respete la legítima soberanía sobre sus territorios? Por qué no acordarnos del padre alcohólico, atrapado en una botella. ¿Por qué no le “regalamos” atención especializada que le devuelva la dignidad? También merece una reflexión el padre privado de libertad, el que cometió un error y lo está pagando caro, mientras los políticos y empresarios delincuentes andan libres. ¿Por qué no le “regalamos” verdaderos planes de resocialización y reinserción en lugar de condenarlos a ese infierno que estimula más odio? También merece reconocimiento el padre no biológico, que es padre de verdad.

Celebremos a los padres con amor, compañía, abrazos, besos y esperanzas. Nada de eso se compra en los comercios, ¡Eso no tiene precio!

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