CR. Don Ramón Guevara. Óscar Madrigal

En aquellos tiempos llegar a Quepos era una odisea que duraba de 5 a 6 horas. El viaje era por Puriscal, donde luego había que recorrer por un camino que era de lastre, piedra o simplemente de lo que hubiera. Los nombres de los lugares puriscaleños siempre me parecieron muy acertados y ajustados a la realidad: Barbacoas, Grifo Alto, Salsipuedes, Desamparados, Jilgueral, Tronadora o el Alto de la Gloria. Llegar a este lugar efectivamente era como llegar a la Gloria, por lo difícil, empinado y alto. Era el punto a alcanzar en el camino de curvas cerradas donde el autobús debía “echar para atrás” para dar la curva y a partir de donde se empezaba el descenso hasta Esterillos, llegando a Parrita o La Julieta como también se le decía.

El principal dirigente del Partido Vanguardia de esa zona era un hombre de pelo blanco, cortado al estilo militar, de una edad avanzada para nosotros aún un poco jóvenes, flaco pero de músculo puro como todos nuestros campesinos, de una moral espartana, que decían había sido pastor en una de las viejas iglesias evangélicas antes de ser dirigente comunista. Nosotros lo llamabámos Don Ramón, por la supuesta lejanía de edades y por el respeto que nos inspiraba; nada de Ramón, solo don Ramón, en un partido donde no era costumbre su uso.

Vivía en un barrio a la entrada de Quepos llamado Boca Vieja con su compañera Hortensia, también militante del Partido.

Lo acompañaba en su trabajo de dirección partidaria y del movimiento social, un maestro de sonrisa tímida como de niño pero de enorme valentía, llamado Rafael Barboza.

Después de cumplir y realizar con la labores que íbamos a cumplir, pasado el mediodía del domingo generalmente, e iniciábamos nuestro retorno por el sinuoso camino, Don Ramón tomaba su motocicleta e intrigado le preguntábamos: ¿para dónde va? A atender a unos campesinos en una toma de tierra en Uvita, decía. Uvita lo que hoy es un emporio turístico de gran belleza natural inició como una lucha de los precarista campesinos dirigidos por Don Ramón Guevara. Ese hombre ya mayor, viejo, (para nosotros) un domingo en la tarde, tomaba su moto para viajar decenas de kilómetros a llevar la orientación y la organización del Partido a los trabajadores. Era admirable.

También participó junto con Rafa Barboza en la lucha campesina en la toma de tierras de la Hacienda Portalón, una preparación de más de 2 años que culminó con la ocupación en abril de 1986. Los campesinos fueron desalojados en múltiples ocasiones y reprimidos violentamente por el Gobierno de Luis Alberto Monge produciéndose dos heridos de bala. Este gobierno fue despiadado con el movimiento de trabajadores y campesinos

Hoy día cuando avanzamos por la costanera sur y vemos los rótulos de pueblos como Roncador o Uvita, pensamos que en todos esos lugares estuvo la lucha del PVP, de los sindicatos de trabajadores y campesinos.

Cuando veo el emporio que es Uvita actualmente no puedo dejar de pensar que eso también se debe a la lucha de Don Ramón Guevara López.

(En su memoria en este aniversario de la fundación del PVP).

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