CR. Estamos hartas, hartos, todos. Angie Rodríguez

A propósito de este día y tan tristes noticias sobre la función pública y esa maraña de corrupción, pues solo diré que no hay nada como dormir en paz.

Nada se compara en este mundo a dormir en paz.

La paz no tiene precio. Lo aprendí con el ejemplo a diario de mi mamá, incorruptible como no he conocido a nadie, a pesar de los riesgos que eso implicaba, que nunca aceptó ni medio lapicero a cambio de nada, tras años en distintos puestos públicos y bien pudiendo hacerlo.
Es ética, señoros. Punto.

Pero los que están embarrados en esa telaraña de poder que va saliendo a pocos parece que creyeron que llegaban a la función pública para servirse; no para servir. Esos sí que saben lo que hacen y aún así proceden, maquinan, ejecutan. No hay inocentadas.

Es preferible siempre comer arroz y frijoles pero con la conciencia tranquila, que embuchonarse y embriagarse de poder y perder la paz para siempre.

Así que por buchones, por corruptos, por arrogantes, por ególatras, que cada palo aguante su vela y caiga todo lo que sea necesario. Yo hace rato no les creo. Esto no es de ahora.
Estamos hartas, hartos, todos.

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