CR. La tierra del olvido. Katia Lorena

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Hace unos días acompañé a la familia de mi mamá a un cementerio de una zona muy rural, un pueblito púes, había muerto una tía política, esposa de un hermano de mi mamá.

Me quedé a lo lejos para guardar distancia y empecé a recorrer el cementerio observando las lápidas, haciendo cálculos mentales de la edad y hacía cuánto tiempo llevaban ahí cada uno de ellos, los fallecidos.

Llegué a una que llamó mucho mi atención, primero porque, al hacer mis cálculos, el ocupante sólo tenía 21 años al momento de su muerte y eso me entristeció por que mi hijo mayor estaba próximo a cumplir esa edad.

Luego, siguiendo con mis cálculos, hacía relativamente muy poco tiempo que había fallecido, 8 años… Pero que fue eso que me impactó de aquella lápida? … Ya les explico.

No era una lápida normal, era un pequeño mausoleo, la bóveda estaba enchapada en cerámica, tenía una placa en forma de libro con un verso y una dedicatoria preciosa, en las esquinas tenía incorporado unos espacios para las flores y todo estaba techado y encerrado en unas verjas bellamente moldeadas simulando una enredadera.

Todo aquello se veía muy lindo, pero como abandonado, las verjas totalmente herrumbradas, la cerámica sucia y en algunas esquinas un poco de maleza apareciendo por las grietas, y en los espacios para las flores sólo había tierra reseca.

Volviendo a mis cálculos, el joven ocupante a esta fecha tendría 29 años y pensé: ” Si yo con 42 años tengo face, él debió tener también” así que busqué su nombre completo y oh sorpresa, ahí estaba él, un joven de tez blanca, de cabellos oscuros, largos y ondulados, amante de las motos, con muchos amigos.

Revisé su última publicación y la había hecho el mismo día en que la lápida decía que había fallecido, era una foto suya con gafas oscuras, camiseta blanca y jeans recostado a una moto negra y decía: “Un día para gozar”, en mi mente se pintaron diferentes escenarios, estaría feliz por un paseo?, en fin, me fui a los comentarios y eran montones.

Empecé a leer: ” Nunca te olvidaremos” con esa frase terminaban la mayoría de ellos… Estaba tan absorta en esta lápida que me sobresaltó una palmadita en mi espalda, era uno de mis queridos tios, uno que sólo en velorios y entierros logró ver, pero que quiero mucho.

Algo emocionada le conté todo lo que sabía del ocupante de aquella bóveda, le mostré su foto y le leí los comentarios de sus amigos, luego juntos leímos el verso y la dedicatoria de la lápida.

Mi tío dió un vistazo a toda la estructura y me dice: Sólo han pasado 8 años y todos esos que nunca lo olvidarían no han sido capaces de venir y limpiar, pintar y poner flores… luego volvió su mirada a mí, esa mirada de viejo sabio, y con voz serena me dijo algo que caló muy hondo en mi corazón: “Es para que vea sobrina ESTA ES LA TIERRA DEL OLVIDO una vez aquí, por mucho que digan el mundo sigue girando con o sin nosotros”.

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