CR-VENEZUELA. El fin de una ficción. Sergio Erick Ardón Ramírez

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El Zapote y la Casa Amarilla deben ir tomando las previsiones para salir del atolladero en que por serviles y flojos se metieron.
Trump, en un momento de euforia y alentado por sus despistados halcones, designó como presidente interino de Venezuela a Juan Guaidó , que era un oscuro diputado elegido por 37.000 votos en su Estado de origen.
Se inició así la patraña más patraña , de las tantas patrañas que ha conocido América Latina.
Esto se dio cuando la ola derechizante recorría el continente y a fuerza de acusaciones, las más de las veces falsas, y jueces de muy poca justicia, se recuperaba el control en importantes países.
Lo de Venezuela se resuelve fácilmente , le dijeron a Donald Trump y él como poco sabía , lo creyó. Nombrar un “presidente” era parte del guion. Lo demás eran sanciones, amenazas de invasión, atentados, sabotajes, compra de militares, golpes de estado, y una campaña de desprestigio como nunca antes se había montado.
Así se dio inicio a la velada, y para demostrar el apoyo que tal medida recibía, se convocó, cabría mejor decir, se ordenó, a los gobernantes más dados a decir “mande”. El gobierno de Costa Rica estuvo entre los primeros.
Si los costarricenses tenemos algo de que avergonzarnos, ese algo es la política exterior. Las más de las veces, las excepciones se cuentan con los dedos de una mano, hemos sido simples títeres manejados desde el Departamento de Estado.
Se corrió a reconocer a Juan Guaidó como presidente de Venezuela y a desconocer a Nicolás Maduro como tal.
Eso fue hace poco más de dos años, Guaidó el flamante presidente que no preside nada dentro de los límites del país, una especie de “Juan sin Tierra”, se ha paseado por el mundo diciendo que él es lo que no es.
Si bien todos los aliados incondicionales de USA , temerosos de las rabietas de Trump, algunos a regañadientes, cerraron filas, la gran mayoría de los países del mundo no lo hicieron.
De entonces a acá han pasado muchas cosas, muchas de ellas ridículas, lamentables, y a hoy , ido Trump, el globo se va desinflando, cada vez más rápidamente, tanto que ahora Guaidó, que siente que el tren lo está dejando, al ver sus apoyos menguando, y a sus aliados de ayer reculando, ha declarado solemnemente que está dispuesto a renunciar a su cargo de fantasía, “dispuesto a sacrificarse por el bien de Venezuela”.
Ya no pone condiciones absolutas, ha bajado sensiblemente el tono de perdona vidas de tiempos de Trump. Ya no llama tirano a Maduro, ni exige que debe dejar Miraflores. Ahora habla de buscar acuerdos, de negociar, de encontrar salidas pacíficas. Eso si amenaza, algún respaldo recibe aún de la Casa Blanca, que si los acuerdos no lo satisfacen, lo que es decir no satisfagan a Washington, promoverá sanciones aún más terribles, y volverá a llamar tirano a Maduro.
Ante este cuadro, digno del realismo mágico, no por folclórico menos doloroso, ha muerto gente y hay gente que sufre, todo parece indicar que de la velada pronto caerá el telón.
Que finalmente los venezolanos resolverán su conflicto sin que se necesiten bufones, ni actores pagados de bajo nivel.
¿Pero y Costa Rica? ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo salir de este atolladero sin aumentar el desprestigio que ya acumulamos?
¿Seguiremos esperando orientaciones del norte? ¿Chuparemos rueda un tiempo más?
No quisiera estar en los pantalones aguados de a quienes poco les queda por perder, que han sido simples marionetas.
Insignificante peón de un complejo juego de ajedrez, con resultado cantado, del que era imposible salir bien librados.

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