CR. Tendremos peste para rato. Abelardo Morales-Gamboa

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La peste después de la peste…

Estamos aún bastante lejos de librarnos de la peste. De esta epidemia global causada por el Covid 19, si acaso, apenas saldremos, dentro de algunos meses, a medias. Además de las personas fallecidas, millones de los infectados en el mundo experimentarán las secuelas en sus vidas, algunas de ellas, probablemente crónicas. Familias habrán perdido a uno o varios de sus miembros, a los más viejos, pero también niños habrán perdido a sus padres. Como en una guerra, muchos de quienes no murieron quedarán lisiados y otros tantos, huérfanos. Hay quienes depravadamente han querido menospreciar ese impacto. Pero la peste no se reduce a ese virus.
Para nada. La peste es social y se contornea a partir de los rasgos del periodo histórico que estamos vivenciando. No podemos dejar de entender los estragos del contagio producido por el Covid 19 desconectados de las mutaciones genéticas de los organismos vivos tanto como consecuencia de las estrategias de producción, consumo y formas de vida, como de la misma manipulación técnica y tecnológica de la naturaleza y de los organismos de la materia. La especie humana ha llegado a los límites de la creación tanto como de la destrucción de formas de vida, y al final de esa cadena de experimentos está la misma vida humana.
Cuando la vida en sociedad se deteriora y el ser humano comienza a hundirse en los agujeros oscuros del individualismo, el sentido mismo de lo que significa la sociedad y la vida humana se pierden; el ser humano se convierte en el mayor enemigo de si mismo y la especie se acaba. Esa es otra peste y es producida por la manipulación de las voluntades tan enemiga de la vida como la manipulación de los genes. Antes creíamos que la pandemia abriría nuevas fuentes para la renovación de la sociedad, para reinventar la solidaridad, el compromiso con el bien común; pero algunos individuos y grupos no lo practican ni siquiera con los “suyos”, menos lo van a hacer con los “otros”. Peor aún, muchos hacen lo que hacen sin conciencia o pensando que hacen lo correcto.
Un buen ejemplo, no el único, ha sido la distribución global de vacunas; la evidencia apunta a que estas se quedaron en los llamados países ricos y a los países de ingreso medio, como el nuestro, llegan a cuentagotas y a los pobres, según los cálculos políticos de la caridad. O las enormes ganancias amasadas por las grandes transnacionales en este periodo al mismo tiempo que las economías nacionales se quiebran. Pero lo que se ve en lo macro también tiene múltiples expresiones en lo micro social y en las individualidades.
No todo está perdido. Se han mantenido, reinventado y creado redes de diverso tipo para sostener vínculos, afectos y solidaridades. Pero darle vuelta a este paradigma perverso de los logros de corto plazo, de las satisfacciones individuales y los gustos egoístas, no es tarea fácil y mientras sobreviva será la fuente de propagación de las pestes que vendrán en el futuro. Pero qué deberemos hacer para no pensar que los muertos, enfermos, lisiados y huérfanos son meros números -la estadística diaria que hemos normalizado-. ¿Tendremos tiempo y momentos para revertir las tendencias autodestructoras del ser humano; nos daremos cuenta de ello y más que darnos cuenta, encontraremos los medios para meterle freno a nuevas catástrofes? Yo creo que sí, pero tendremos peste para rato.

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