CR. No me pude tomar una selfie. Ana Elena Obando

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El otro día apareció esta boa en el jardín de abajo. Lástima que no me pude tomar un selfie porque, cuando quise poner mi cara junto a la de ella, me sacó la lengua. Digamos que fue el inicio de una extraña relación que pudo haber sido muy amorosa y cordial, pero así de frías y pesadas son ellas. Por supuesto que no la matamos. Ella tiene su casa-hueco abajo y allí vive tranquila. Quizá es hija de una boa que encontré hace años y era el doble de gruesa. En realidad, creo que el único animal verdaderamente peligroso es aquél violento y adicto al poder que, a diferencia de los animales, siempre ataca sin ser atacado.

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