CR. ¿Cuándo se perdió el país? Guillermo Fernández

¿Cuándo se perdió el país?,
se preguntan algunos, como viendo una vieja fotografía,
de esas que hoy se exhiben de parques con mujeres de vestidos espléndidos,
hombres sonrientes trajeados de esmoquin,
pobres impolutos, a veces descalzos,
y fumando un cigarrillo sobre un carretón.

Vean la bulliciosa cola de los cines.
Abundaba la sonrisa por bicocas.
Solo el hecho de caminar en domingo
tenía la importancia de un acto amoroso,
un perfume que se intuye en los álbumes,
una felicidad que hoy daría risa a las gentes que ven Netflix,
y que esperan historias de buenos crímenes.

Quizá el país apenas estaba creciendo
y tenía la fuerza bruta de un adolescente.
Con solo la música de un carnaval decembrino estaba contento.
Se persignaba ante la comida
y todavía creía en los duendes de los bosques.

Ahora la palabra “político” puede despertar la sonrisa opaca.
La palabra “confianza” fue arrojada a un sepulcro.
El país no está perdido como un iluso en el monte.
Pasa del chiste a la queja con absoluta indolencia.
Solo ha dejado de importarle que le roben y lo aplasten
como un filtro de cigarro bajo un zapato mafioso.

G. F.

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