CR-CUBA. Reconocimiento merecido. Sergio Erick Ardón Ramírez

Si restaurar un pequeño edificio como el viejo Instituto de Alajuela o como la vieja gobernación requirió de mucho esfuerzo y de atención a los detalles. Al hacerlo no solo se estaba haciendo lo correcto, se estaba lidiando con una idea equivocada muy arraigada entre nosotros que es que lo viejo es poco funcional y que lo mejor es demoler y construir algo nuevo.
Es este tipo de criterios lo que ha hecho que en nuestras ciudades, edificaciones públicas, viviendas particulares, iglesias, y otras edificaciones con valor patrimonial ya no existan.
La demolición de tantas valiosas joyas arquitectónicas ha sido un sonado crimen cometido por ignorancia o ligereza, y no pocas veces por codicia.
Perdidas irreparables que nos privan de retazos físicos de la historia.
En Cuba, de la mano del hoy desaparecido historiador Eusebio Leal, se acometió la tarea, que no pocos consideraron imposible, de restaurar la Habana Vieja.
Leal, primero se ganó las conciencias de los gobernantes, comenzando por Fidel, y después se dio a la tarea de preparar profesionales y artesanos, carpinteros y albañiles, decoradores y cuanto especialista es necesario para acometer la tarea.
En el mientras tanto se lanzó a tocar puertas por el mundo para lograr apoyos económicos ingentes, requisito indispensable para convertir aquella ciudad en ruinas, en lo que viene siendo.
Quien haya visitado La Habana recientemente, se maravillará de los muchos edificios y barrios enteros restaurados por el incansable trabajo de miles de profesionales y obreros, que con encomiable dedicación dan a su capital el brillo y la lucidez propia de una ciudad declara por la ONU “Patrimonio de la Humanidad”.
Y todo esto en medio de un bloqueo de 60 años que mucho dificulta las cosas.
Es el Capitolio, sede del parlamento cubano, la joya más notoria de estos logros.
La restauración meticulosa de este edificio emblemático ha merecido el premio principal de las autoridades cubanas en conservación y restauración de este año. El más mínimo detalle ha sido atendido y hoy luce mejor que cuando fue estrenado.
Este esfuerzo y estos logros son ejemplo, no solo para América Latina, sino para el mundo entero. Para todos aquellos que entendemos que la cultura de los pueblos, también expresada en sus edificaciones, debe ser atendida y preservada como memoria necesaria para otear el futuro con mayor certeza.

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