CR. Obsidiana. Ifigenia Quintanilla Jiménez

Todo fue muy rápido. Un simple reflejo, la mirada atenta. Era pequeño y oscuro, pero tenía un brillo que no tenía la tierra alrededor. No era vidrio de botella; era vidrio volcánico. Era obsidiana. Era el preciado vidrio que corta finamente. Escaso en muchos lugares, era deseado en el mundo donde la piedra se usaba para todo.
Llegó de lejos, de muy lejos, quizá hace mas de 2500 años, a una pequeña aldea en San José de Upala. Pudo venir de Guatemala , de Honduras o de otra fuente. Habrá que ver si se puede averiguar más.
La gran máquina movió la tierra y ahí estaba: lo vi y me emocioné. Me alegró salvar ese pequeño trozo de vidrio que dice tanto. A veces es poco lo que podemos hacer, pero si lo hacemos tenemos que hacerlo bien porque ya no habrá otra vez. Quizá no sea una arqueología glamurosa supervisar movimientos de tierra, sin embargo es una arqueología necesaria. La que podemos hacer. La que hacemos, a pesar del desprecio institucional y académico.

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