CR. Estos días de abril. Ifigenia Quintanilla Jiménez

Estos días de abril me ponen triste. Hace ocho años conocimos de cerca la muerte al perder a mi hermana Maritza. En el transcurso de un mes una cruel enfermedad se la llevó y después de esto, a lo largo de cuatro años, también perdimos a papi, a mi sobrino Gustavo y a mami. Fue una sucesión imprevista de pérdidas, sufrimiento, confusión, caos e incertidumbre. En todo este proceso nunca renegué de la muerte, no me enojé con ella; al contrario: ante el dolor irreversible era la mejor cura. Viéndolo en perspectiva, yo renací y soy otra después de todo esto y todo lo demás que implicó estas muertes. La cercanía de lo irreversible, de lo único realmente irreversible, me mostró la importancia del aire, del agua, de la luz, de moverse, de tener hambre y deseos. Cada paso que doy lo valoro, cada sorbo de agua lo disfruto. El canto de los pajaritos, las florecillas silvestres, el cariño y las risas compartidas son el mayor tesoro que puedo disfrutar. La muerte y la enfermedad fueron mis maestras en esos años terribles. Agradezco lo que me enseñaron y lo aprendido.

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