CR. “Francisco Munguía”. Freddy Pacheco León

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FRANCISCO MUNGUÍA a un año de su muerte, todavía espera ser honrado por el Ministerio de Cultura. CON SU SENTIDO FALLECIMIENTO, San José perdió aún más su color. Sus murales y otros trabajos artísticos son la compañía de los más pobres, porque así lo quiso él. Uno en particular se extiende por cerca de 300 m a lo largo del muro externo del CEMENTERIO CALVO, del “cementerio de los pobres”, del cementerio de los que “no tienen ni donde caer muertos”. Mural que se camina encontrándose en cada paso una sorpresa, una idea, y quizá una sonrisa, el cual invitamos recorrer. Es un verdadero placer. ¡Pero eso sí! no sé sorprendan si de pronto aparecen interrumpiendo la obra de arte de Munguía, unas LATAS DE ZINC. ¡Esas no son de su creación, sino de Johnny Araya! Se trata de un indecente portón colocado en el lugar por donde entraron y salieron vagonetas, con escombros resultantes de la destrucción que se hizo, bajo su orden, de todas las cruces, lápidas, floreros y cualquier estructura de cemento, que formaba parte de los cientos de humildes tumbas que señalaban la ubicación de restos humanos allí enterrados en el puro suelo. Destrucción ordenada por “el constructor” Araya, con el fin de borrar toda evidencia superficial de la existencia de los miles de restos humanos que reposan en 18.000 m2 del camposanto, para así registrar esa gran sección del cementerio como “lote apto para construir”. Para “urbanizar” ese cementerio en momentos en que no solo los muy pobres, los miserables, requieren ese espacio para sus difuntos, sino también para los que ya no encuentran espacio en el Cementerio de Obreros (donde no todos pueden pagar, además, ¢200 mil por “abrir un nicho”). Además de la PROFANACIÓN masiva que incumpliendo todas las normas legales, pretende ejecutar el alcalde de San José (pues la construcción de los cimientos y sótanos de cualquier edificio que allí se construyere violaría los Derechos Humanos de los allí sepultados) está lo que motiva esta reacción. Ha muerto un gran artista, muralista de los barrios pobres de San José, que merece profundo respeto oficial por su obra. El Ministerio de Cultura, por tanto, debería patrocinar la restauración del mismo, y no permitir su destrucción. Así como algunas comunidades deberían hacer lo mismo por propia iniciativa, con los que alegran algunos de sus rincones. “El artista, dejó un gran legado de sus obras en comunidades como: San Sebastián, barrio La Carit, Los Guido, La Carpio, Higuito de Desamparados, Tejarcillos de Alajuelita, León XIII, Hatillo y Cipreses de Curridabat.
También realizó un mural en el Mercado del Mayoreo, así como en varios muros de los barrios del sur de San José, convirtiendo paredes grises y sucias en verdaderas obras de arte llenas de color’’, expresó el Ministerio de Cultura”. La tarea ha de cumplirse, y no debería esperar. Habrá artistas capaces y deseosos de participar en una actividad que habría de patrocinar el Ministerio, en homenaje al querido artista.

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