CR. Dios todo lo ve, y las cámaras de video también. Marcos Chinchilla Montes

¿A ver si entendí bien?
La diputada Marolín Azofeifa le insinuó al policía de tránsito que ella tenía fuero -dijo foro, quizás por ignorancia o por la indignación del momento- para que ella y su conductor se brincarán la luz roja del semáforo, y de paso no atender las instrucciones que ese mismo cuerpo policial le daban. Lástima que el fuero que la protege no lo utilice para hacer control político, y de paso denunciar a ese montón de tagarotes que lucran con la institucionalidad pública, o la misma incapacidad del gobierno para atender temas ambientales o la problemática indígena.

Mirar el video con la intervención policial pone en evidencia al menos tres aspectos muy grotescos: el desconocimiento de la legislación nacional, la soberbia y el abuso del poder.
Entonces como soy diputada, mi chofer puede no solamente circular en un vehículo sin placas, sino que también puede brincarse un semáforo en rojo; desde esa misma lógica el ser diputada me autoriza para cometer quién sabe cuántas otras ocurrencias al margen de la ley.
No satisfecha con eso, la señora diputada se arroga el derecho no solo de amenazar al oficial, sino que dejando de lado su moral cristiana, se niega a reconocer que el conductor cometió un error, error que ella respalda sin mayor miramiento; aunque una vez que se divulga el video, pide disculpas.
Cuidado y no, el ser diputada, y además fervorosa devota cristiana, me convierte en una persona con privilegios que puede cambiar y torcer la legislación. Respeto, la diputada exige respeto a su investidura.

Soy funcionario público desde 1994; los recursos que me ha tocado administrar, siempre los he manejado con enorme celo; hasta utilizaba los tuquitos de tiza de 2 cms porque sabía que eran recursos públicos. De mi bolsa he pagado peajes por temas laborales, de mi bolsa he puesto combustible que nunca he cobrado; y nunca he utilizado mi figura como docente universitario para beneficiarme o recibir alguna prebenda. Incluso ser funcionario público creo que me ha hecho más cuidadoso pues las consecuencias de un traspié me pueden afectar laboralmente y legalmente, y de paso comprometer el prestigio de toda la institucionalidad pública.

Luego de una alharaca superior a los 10 minutos, la diputada y su comitiva pudieron seguir su recorrido, paradójicamente, parece que habían olvidado que iban a atender una situación de salud a esas horas.
Por el momento, parece que la señora diputada ya logró sus 15 minutos de fama, y lamentablemente, no precisamente en la Asamblea Legislativa. Puede que la historia finalmente la termine recordando por ese vergonzoso hecho.

PD. Por aquello del “que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, vale la pena comentar que tengo una infracción por circular un día que tenía prohibición, pero ni chisté, más bien me sonrojé.

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