CUBA. Más que merecido. Sergio Erick Ardón Ramírez

De nuevo cometo el pecado, así lo han llamado algunos, de interesarme y comentar sobre cosas que no, piensan ellos, deberían interesarnos, siendo de fuera.
Si hay algún país de Nuestra América , la América que hunde sus raíces en la mezcla de culturas, la aborigen, la ibérica, y la africana, al que yo sienta más cercano, y tenga siempre muy presente, ese es Cuba.
Circunstancias, que no viene al caso repetir, me llevaron ahí siendo estudiante, en momentos en que se combatía y corría la sangre. Mi encuentro con José Martí, selló ese sentimiento de costarricense solidario y significó para mi, un renacer. Me casé con su pensamiento y por ende con quienes en las montañas del Oriente cubano lo hacían su bandera de lucha.
Es por eso que he defendido y defiendo el derecho de Cuba a recorrer su camino, sin duda difícil, que han soberanamente escogido.
Y es por eso que lo que ahí sucede me interesa doblemente.
Casi de casualidad y más por curiosidad, comencé a leer los artículos semanales que publica desde mucho tiempo atrás una mujer diminuta, hija de emigrantes europeos que encontraron en la isla de Cuba su asiento y su refugio.
Graziella Pogolotti Jacobson, extraño nombre para una cubana. Por ahí vino la curiosidad, y al leer lo que escribía supe que estaba ante alguien excepcional.
Martiana, y por tanto, humanista, y por tanto, revolucionaria, y por tanto fiel, críticamente fiel, a quienes han llevado la bandera.
De un pensamiento claro y llano, sin esquemas ni ideas alambicadas, con una escritura precisa, propia de su condición innegable de maestra, que ella reconoce como su vocación esencial.
Hoy he conocido, que sobre su pecho de joven mujer anciana, está cumpliendo los 90, le ha prendido Miguel Díaz- Canel , el presidente cubano, la condecoración más preciada que en Cuba se otorga, a la gente especialmente relevante, La medalla José Martí.
Ella en su inmensa humildad, contrastable con su diminuta estatura, al agradecer el reconocimiento a su vida de intelectual, orientadora y creadora, ha dicho que se siente rebasada por el honor, y también comprometida, para estar a la altura de quienes la han antecedido.
Entre ellos cabe destacar a Manuel Mora, en su pecho de costarricense y latinoamericano destacado, Fidel Castro, en su momento, prendió la José Martí. Tuve entonces el honor de ser testigo.

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