CR-PasoAncho SanSebas. Fuimos del Bosque. Claudio Enrique Monge Pereira

Crecí en La Ciudadela “EL BOSQUE”, reinaugurada después para lisonjear al Presidente Kennedy durante su visita. Pasó entonces a llamarse colonialmente “Colonia Kennedy”(¿?). Desde aquellos infantiles y juveniles años mi corazón canta…

Y así amanezco y así anochezco:

duermo y despierto envuelto en sus besos…

Y ese amor sigue dejando breves caminos y surcos en su pulpa sagrada para no olvidarlo… para que no me olvide. Y su aroma, aquel que era perfume de Diosas, aún se acurruca sobre mi almohada; justo donde suelo abrir la boca mientras sueño. De corazón le sembré millones de semillas y mi raíz por ello conoce su tierra mejor que las mariposas veraneras que nunca se extravían de camino. Allá nací al amor que es como nacer a la vida. Allá quedaron mis huellas como gorgoritos de ilusión repujados en el barro arcilloso de sus caminos. Ella me miraba como a paria pobre pero nunca lo fui: todas las piedras del río me pertenecían. Y su musgo húmedo y terso fue mío. También las ramas frondosas de los higuerones inmensos eran mías. Y cada palmo de ese Bosque se alegraba al verme, igual que las aves de marzo cuando descubren la más mínima silampa. Todo nos sobraba. Y la felicidad la palpábamos diariamente con los dedos desnudos de los pies.

Aquella fruta era prohibida entonces.
Sagrada digamos, para dejarse probar por la indigente boca
de un sembrador de estrellas
recién parido.
Hoy, aún,
ese Bosque existe,
pero ya sin vida ni sonrisas.
Pero ya sin el canto de las aves que lograban hacer danzar en el río a
los alevines transparentes de mis olominas proletarias.

Pasó medio siglo como si nada, pero repleto de todo
y rebosante de las mieles maravillosas de los cinco continentes.
Fui rey de mil colmenas y huella para siempre
en mil geografías dulces como los perfumes
que liberan los cerezos cuando danzan.

He cerrado el círculo y trazado la frontera infinita
de mis besos. Todo se ha cumplido exactamente.
Y la raíz que a mí me nutre,
nutrirá por siempre la misma tierra que entonces era sueño
y de repente se me hizo paisaje hasta en la sangre.

Todo nos pertenece, menos el olvido.

ClaMo
TOYOPAN, ZURQUÍ

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