ARGENTINA-Ushuaia. Caminante en Laguna Esmeralda. Edison v.a.

el

Enero 2015.

Hay viajes y sitios que no se olvidan. Uno de ellos es Laguna Esmeralda.

Viajé con mi hijo Juan Diego hasta el Fin del Mundo (así se le conoce a la Ciudad de Ushuaia, al puro Sur de Argentina, también le dicen “el Principio del Mundo”). Visitamos parques, pingüinos, glaciares, leones marinos, faros… pero nos faltaba algo menos turístico y más recóndito: Laguna Esmeralda.

Un transporte colectivo nos dejó en la entrada y nos dijeron: “caminen por ahí”. Atravesamos bosques, castoreras (donde los castores hacen las increíbles represas con troncos y ramas de árboles), turberas (formaciones esponjosas en suelos que no deben pisarse), pequeños riachuelos… todo por senderos maravillosos de tierra y barro.

Llegar a Laguna Esmeralda nos tomó un par de horas. Es un sitio espectacular, sencillo, mágico; una laguna color esmeralda, producto del deshielo del glaciar, que nos sentamos a contemplar extasiados. Luego decidimos darle toda la vuelta, cruzamos por troncos en su parte alta y por puentes improvisados en su parte baja, donde corre como río con sus espumas blancas.

La gran mayoría de turistas no visita Laguna Esmeralda, quizás porque no se necesita guía, porque hay barro, porque no hay servicios de nada más que de la madretierra o porque no aparece en los paquetes de “visitas obligadas”. Puedo decir que mi mejor recuerdo del Fin del Mundo, está en Laguna Esmeralda. No la olvido.

Seguimos…

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