CR. Confesión. Sergio Erick Ardón Ramírez

Ayer cometí un pecado. Me consuela que sea un pecado venial. Porque la motivación, a mi entender, bien lo valía.
Mientras mi amada dormía plácidamente, me escapé del confinamiento, dejando una explicación mentirosa, y me enrumbé por la 27 hacía San José.
La cita era a las 10 am, pero ya a las 9:30 yo estaba ahí. Mal costarricense que soy, valoro la puntualidad.
Se trataba de una invitación que no podía rechazar.
Marlon Mora fue el instigador del pecado. Me invita a contar, y yo que renqueo de ese lado, a una cita así no puedo faltar.
Marlon que es un periodista incisivo y serio, en el medio no son abundantes, tiene un programa en el Canal de la UCR, que llama #3 Sesenta.
Quería él que conversáramos sobre el libro “Entre Siglos”. En ese libro, que es una compilación variopinta de mis escritos, me dijo que había encontrado temas de los que podíamos hablar.
Ya les digo, a la menor oportunidad que me den, para decir lo que pienso o contar de lo que he vivido, no diré nunca que no, Así sea de muchos o una sola persona el auditorio.
Ya con Marlon había estado, meses atrás, y la experiencia fue placentera. Agudeza en las preguntas, sincero interés, y respeto, franco respeto.
Así que, ¿ cómo iba yo a faltar? aunque hubiera que pecar.
La presentación oficial del libro, fue de las primeras víctimas de la pandemia. Teníamos todo preparado. Una sala en el Museo Juan Santamaría de Alajuela, Con Arabella Salaverry y Fabio Villalobos como presentadores, Wilson Arroyo amenizando, mis hijas y nietas a cargo de los bocadillos. Y, todo tendrá que esperar.
Pero el libro ha estado circulando, y como mi interés es que sea conocido y leído, sino para qué tanto esfuerzo. Un libro que no tenga lectores es igual a un libro en blanco.
Pues, me maquillaron , nunca he entendido bien para qué, y conversamos sobre el contenido del libro.
En media hora, no es posible mucho abarcar, pero hubo cabida para mi Tata, para Reagan, para otras cosas más. A mi el tiempo se me fue volando. Marlon generoso como es, supo, escucharme, con respeto, y pareció interesado. Sé que no estaba fingiendo.
Al concluir la entrevista en el recinto cerrado, y ya en el exterior, frente a Arquitectura, conversé con Josué Hernández, que tenía el encargo de preguntarme otras cosas, de mi experiencia política y de como veo yo las cosas de hoy.
Aproveché para regalarle la copia de Entre Siglos que llevaba, y me retiré complacido. Sé que lo va a leer.
Al regresar apuradamente, por la circunvalación, para estar a tiempo en la casa, que recibíamos visitas muy queridas, sabía que me iba a encontrar con reproches.
Así fue. Y tuve que sostener la mentira. Por lo menos hasta hoy, sabedor de la justeza del refrán: “no hay caldo que no se enfríe”.

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