INGLATERRA. Cartas de madrugada. John Alcott

Habrá acabado la música. Y se habrán marchado todos. Y solo habrá silencio y un salón tomado por las sombras. Pero seguiremos danzando usted y yo sobre el filo imperceptible de la noche. Rodearé el universo de su cintura y me dejaré llevar por el rachear de sus zapatos sobre el suelo. Pasará el tiempo y llegarán de la mañana sus primeras luces. Y podrá pararse el mundo o acabarse si quiere y no temeré nada. Tendré la certeza de saberme a salvo. Refugiado en la serenidad de sus manos. Guarecido, mi bien, en esos ojos que me miran mientras bailamos al son de ese alma suya que me conmueve.

*Daniel Ruiz

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