CR. Una diatriba nenopáusica. Luissiana Naranjo

Una diatriba menopáusica

Aquí me ven,
con 50 años,
el pelo teñido,
a veces de amarillo o tenue rojo,
porque me gusta ser atardecer,
dueña de mi propio sol
o el mal clima que me dejan las marcas.
No soy un boceto de vida,
soy una construcción firme, y no importa la impugnación de los delirios ajenos,
la contradicción del otro porque me afirmo distinta, sin contrapié,
viceversa,
aulladora,
descuidada de los prototipos,
extravagante por contrición,
por feudar mi territorio,
y no dejar que nadie me lastime.
Aquí me ven, con la delicia de que amé suficiente, y mucho y mucho hasta el hastío,
censurada,
culpada de palabras sedientas y deseos impropios,
culminante,
juez solo de mí,
murmurada por los débiles y pregoneros de justicia en demasía,
de moralistas y machistas que dicen defender a la mujer y las usan, y las destrozan, y las juegan.
Aquí me ven completa,
feliz de mi tristeza,
de una soledad que no reclama porque es mi decisión,
cubierta de frondosidad como son los bosques, un árbol pequeño,
sinuoso y enraizado,
tanto de mí,
que a nadie le debe importar. Ve, avestruz del tiempo,
a tu granja,
mete tu cabeza allí
o corre con tus excesos
que yo vuelo más ligero y tranquila con la frente en alto.

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