CR. Livianito (se vale relajarse un poco). Sergio Erick Ardón Ramírez

Hoy 26 de Enero el desayuno estuvo “light”. No sé por qué salió a relucir la mala maña, tan común entre nosotros, los alajuelas, de ponerle apodos a la gente.
Esta mala costumbre, no sabemos que origen puede tener.
A veces es ingeniosa y hasta divertida, califica sin ofender. Pero otras veces se pasa de tono y se vuelve cruel. ¿Qué tal que te llamen, Estropajo, o Lacra, o Tiliche, o Deshecho, Tormento, o Leucocito, Cuajo, o que te digan Ay, Ay Ay.
Que resentimiento acumulado está detrás de llamar a un vecino Cheque sin Fondos o Mala Nota.
De todo hay. Porque también hay apodos que son tiernos y que endulzan al que los lleva. El Bello, Amanecer, Celajito, Cinco de Todo, Cariñito.
Los hay también que califican características físicas, a los muy altos, Amor de Madre, Casa de Alto, Vainicón. A los de estatura baja, Ras del Suelo, Agachao, Poca Cosa.
Los hay también rebuscados , sin explicación posible, Daca, Canini, Chajuijua, Liricu, Cachurda.

Hacer una lista completa sería cuestión de nunca acabar.
En la familia tenemos algunos, ninguno que cause resentimiento. Pollo Macho, Carrucho, Bombillo, Pollo Negro, los de la fama mayor. A mi me salvó mi mama al insistir en el Erick. Los encargados de que nadie se quedara sin el suyo, se dieron por satisfechos.

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