CR. Le cuento un episodio triste de mi vida. Claudio Enrique Monge Pereira

FELIZ CUMPLEAÑOS, MI TAN QUERIDO DON JOAQUÍN GARCÍA MONGE:

A Usted que ha sido un hombre cabal, Patriota a toda prueba y latinoamericanista como Martí y Bolívar, le cuento un episodio triste de mi vida. Y no es para que me regale un breve espacio en su ya glorioso REPERTORIO AMERICANO, si no para que su Excelencia pondere que por este lar no ha variado nada el trato que se le da a muchos de nuestros intelectuales; trato que más es maltrato. Sabrá Usted ya por las ondas celestiales que vivimos y sufrimos una nueva Pandemia que azota a la Humanidad entera, y en esta coyuntura el Gremio de la Cultura ha recibido y recibe un cruel azote por la desidia y la indiferencia de quienes como en su época, no debieran ocupar puestos gubernamentales para los cuales ni capacidad ni mayor interés demuestran.

Fíjese Usted, Maestro, que hube de ser testigo directo de dos momentos de la dura existencia de Don Luis Ferrero Acosta; a quien recordará por sus grandes aportes a nuestra Historia Nacional. En un Homenaje que organizó para recordarlo a Usted, mi querido Amigo Ingeniero Cristóbal MONTOYA Marín presentó una obra de su autoría acerca de la importancia relevancia suya para Costa Rica; y la editó bilingüe en inglés y en español; ilustrada además. Fue en su pueblo Desamparados, justo en la Escuela que honrosamente lleva su nombre. Pues ahí me encontré con Don Luis Ferrero ya que ambos éramos invitados especiales del autor. Fue una bella actividad, engalanada por el Personal Pedagógico de la Institución y vecinos de la Comunidad.

Después de la Agenda Cultural se nos invitó a pasar al Comedor Escolar a degustar un delicioso café de la Zona de los Santos con Tamales de Aserrí. Nos sirvieron lo dicho y al consumir el rico tamal nos ofrecieron otro. Entonces don Luis lo pidió para llevar y yo solicité lo mismo. Al rato nuestro laureado compatriota me dice casi en susurro: “¡Eso será mi cena de hoy. Por dicha alcanzaba para llevar!” Le sumé a su bolsita la piña que me trajeron y don Luis más feliz agrega que hasta para el desayuno le alcanzará ahora. Entristecí mucho, querido Don Joaco, porque a todas luces se notaba la precariedad material de nuestro querido Amigo.

Pasaron algunos meses luego de aquella situación y recibí una llamada de parte de la Recepción de uno de los canales televisivos de Costa Rica. Me preguntaron si yo conocía a Don Luis Ferrero Acosta. Al afirmar que si éramos Amigos un Periodista me dice que un ciudadano se encontró en la calle, en San José centro, una billetera y la llevó al Canal para que al aire preguntaran por el Servicio Social a ver si aparecía el dueño. Me dijo que en la billetera encontraron una tarjetita con mis datos y por eso me llamaban a mí. Obviamente me sorprendió que un Periodista de un Noticiero Nacional de tres ediciones diarias no supiese quien era Ferrero Acosta.

Al día siguiente pasé y retiré la billetera de Don Luis. Firmé un recibo y en unas pocas horas ubiqué a mi respetado y querido Amigo. En la billetera, aparte de sus documentos habían 5.000 pesos. Difícil será que se imaginen la sonrisa y aquella alegría que invadió el corazón de nuestro insigne Maestro. Me abrazó y dijo: “Con estos cinco mil tengo que mantenerme lo que resta del mes.” Casi lloro por el coraje que me invadió. Aún quedaban dos semanas para cerrar aquel mes. Y sufrí porque sabía y sé de Premios Nacionales de Cultura que pasan por múltiples penurias materiales. Inclusive uno de los más insignes que vendía limones ácidos de sus tres arbolitos a una cadena de negocios que le daba por ellos cualquier bicoca y después los vendía como si fueran de Marruecos. Y lo sé porque lo acompañé varias veces.

Me despedí de Don Luis y al verlo alejarse con su ya cansado paso, derramé un chorrito de lágrimas; porque que soy lloroncillo lo soy. Lo que hice más aquella mañana por Don Luis Ferrero se queda en mi corazón.

Perdóneme mi querido Don Joaquín que le contara estas cosas hoy día de su cumpleaños. Usted sabe que lo quiero mucho, y además, eso de que “ la sangre jala” es totalmente cierto. Lo abrazo absolutamente emocionado.

ClaMo
Toyopán, Zurquí

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