CR-Sur. La leyenda de El Indio Dormido. Alex Sandí

Imponente hacia el norte de las tierras de Coto Brus, se observa la Cordillera de Talamanca, la más grande y extensa del país. Si, la de las montañas más altas, la que nace allá por las estribaciones de Escazú y la Carpintera en el centro del país y cuya fortaleza trasciende fronteras y termina en nuestro vecino Panamá.
Pero bueno, la historia que acá les vengo a contar justifica en parte esas características que hacen de esas montañas las más majestuosas de nuestro terruño.

En la época precolombina nuestros asentamientos aborígenes se concentraban cercanos a las costas y los ríos. Uno de esos asentamientos tenia por privilegio la posibilidad de disfrutar de las riquezas del Rio Térraba y las costas a ambos lados de la Península de Osa. Allí vivía un indio, un valiente y persuasivo indígena de nombre Cuasran, quien con el paso del tiempo y gracias a su valentía, inteligencia y gran físico se ganó el respeto de toda la tribu y más allá de sus territorios. Se le admiraba por su liderazgo, por su sentido de colaboración y sobre todo porque siempre buscaba lo mejor para su pueblo. Nunca fue cacique, fue un guerrero más, el más de los guerreros diría yo.

Al llegar los Españoles y querer dominar nuestros pueblos Cuasran tuvo que hacerle frente a la prueba más grande de su vida. Entre un ejército de aborígenes que poco a poco veían como los españoles dominaban sus pueblos, Cuasran ideó una estrategia que, por mucho salvó las vidas de miles de ellos. Una retirada valiente hacia la montaña. Por qué valiente, si es una retirada? Es sencillo, porque dominar la montaña de Talamanca no era asunto de abrirse camino, era estrategia de supervivencia frente a feroces felinos, frente a un clima abrumantemente frio en comparación al clima cercano a los ríos y las costas, era enfrentarse al reto de que el camino abierto a la fuerza, simplemente se cortaba por un peñasco de doscientos, trescientos o más metros de profundidad. Y en todo ese recorrido el pueblo indígena fue firme, valiente y conquistador pues creían en lo que Cuasran les iba recomendando hacer. Este sinigual guerrero, sin perder la mirada en el recorrido que hacían los conquistadores, seguía firme en su afán de salvar a su pueblo. Cuasran, diseñó armas, dirigió campamentos de descanso, sorteó y domó animales, nunca descansó hasta haber logrado llegar a la cumbre de las montañas, satisfecho de ver a su pueblo respirar tranquilo, rehacer su vida. Al final, lo logró!

Años después, cuando Cuasrán desgastado por el tiempo siente que pronto deberá abandonar su pueblo, frente al Cacique y su amada familia suelta un último suspiro hacia el Cielo y fiel a su carácter de protector, pide que desde lo más alto, pueda vigilar su pueblo mientras descansa, desde la costa hasta la montaña, desde el alba, hasta el ocaso…

Esa noche la tristeza se apoderó del pueblo, el silencio se confundió con la soledad de quien pierde a su protector… pero al amanecer la sonrisa se dibuja en el rostro de todos porque, el Cielo, fiel a cumplir el deseo de Cuasran, deja entrever entre las nubes la imagen robusta del Indio Dormido, ese que desde ese día protegerá desde lo más alto a su pueblo y su tierra querida.
asandis
Cuasran del lenguaje brüncajc

Fotografía Alex Sandí
Cerro Kamuk (en lenguaje popular cc “El Indio Dormido” )

*Pensando el Sur

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