CR. Las aguas negras del parlamento. Freddy Pacheco León

LOS restos de Newton reposan en la histórica Abadía de Westminster al lado del formidable edificio del Parlamentos Británico, pero su Ley de la Gravitación Universal, sigue vigente y por tanto se aplica necesariamente, en el espantoso edificio del Parlamento costarricense. Así, todas las aguas negras que se producen en los servicios sanitarios de los 22 pisos, irremediablemente fluyen hacia abajo, incluyendo (no podría haber excepciones) las de los cuatro pisos subterráneos que comprenden el faraónico salón del Plenario Legislativo. Por algo tan sencillo, todas las aguas negras y grises de esos cuatro niveles en el subsuelo, no queda más que estarlas acumulando y bombeando hacia arriba, por lo menos hasta el nivel del suelo, donde seguramente se encontrarán con las otras aguas inmundas que han de estar cayendo desde los pisos superiores de ese horrible block de cemento, sede del Primer Poder de la República. Pues resulta que ante la ausencia de un sistema adecuado de mantenimiento (según la Contraloría General de la República) cabe cuestionar la explicación que diera la autoridad administrativa del Congreso, acerca del derrame de las aguas de los excusados de los seis pisos inferiores del feo edificio, incluyendo obviamente los cuatro del subsuelo. Según el señor Ayales, el grave problema sanitario se debió a un tampón (podrían ser más) encontrado en uno de los inodoros del nivel inferior. Respuesta que está muy lejos de explicar razonablemente, cómo ¡al haberse taqueado un inodoro, (o quizá dos) se desbordaron algunas de las aguas negras de seis pisos! ¿No será que se trata más bien, de un posible problema de diseño y construcción del complejo sistema de recolección y bombeo de las aguas servidas de ese inmueble? ¿Habrá fallado el mecanismo de bombeo que hubo que instalar en el nivel ubicado al fondo del hueco excavado, que por cierto, provocó la salida de aguas subterráneas provenientes del acuífero alcanzado? Hay que recordar, que como los responsables de la construcción no cumplieron con el requisito legal de haber presentado el obligatorio “Estudio de Impacto Ambiental”, se podría pensar que lo sucedido quizá se podría haber evitado. La duda es razonable, pues entonces se habrían valorado aspectos de hidrología e ingeniería, por lo menos, que insólitamente, la Setena no exigió al permitir que no se tramitara la evaluación ambiental de rigor. (FREDDY PACHECO LEÓN).

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