CR. Rezago educativo y coronavirus. Abelardo Morales-Gamboa

No hay herramienta pedagógica que pueda reemplazar al espacio del aula y a la interacción del aprendizaje cara a cara; por lo tanto, el cierre de establecimientos educativos desde la primaria hasta la educación universitaria puede tener un alto costo no solo sobre la educación de los estudiantes sino sobre el desarrollo mismo de la sociedad.
Aunque resulte difícil de establecer el equilibrio óptimo entre el riesgo de contagio del Covid 19 y el impacto sobre la educación, esa falta de interacción entre maestro y estudiante, pero también entre las mismas generaciones de estudiantes, producirá un enorme abismo en la formación de toda una generación cuya factura, ésta pagará a futuro.
A las insuficiencias, vacíos e imperfecciones de las clases por medio de las plataformas mal llamadas virtuales, en competencia con innumerables obstáculos, y de otros sistemas que volvieron aún más remoto el acceso a la educación -precisamente debido a la obscena brecha digital de esta desigual sociedad-, habría que añadir el empobrecimiento de los contenidos, las dificultades del seguimiento al desempeño de cada estudiante, el ostracismo moral y el fusilamiento de las posibilidades educativas de un enorme segmento de niños, niñas y jóvenes que no fue que abandonara las aulas, sino que quedaron en la periferia de los intereses de las corporaciones de la telecomunicación.
La experiencia educativa de 2020 no se puede repetir en 2021, ni en las escuelas ni en las universidades. En marzo de 2020, no conocíamos de los alcances de la epidemia y fue una buena medida suspender la asistencia a las aulas y pasar a la modalidad no presencial. Pero ahora no solo hay suficiente conocimiento sobre los riesgos epidemiológicos y las medidas para enfrentarlos, sino sobre las posibilidades y necesidades para practicar un retorno gradual, supervisado y responsable de los estudiantes a las aulas.
Ese retorno podría servir, si se define la estrategia, los programas y los contenidos, para reforzar en el estudiantado elementos centrales de educación sanitaria y educación cívica, pues buena falta hace combatir el analfabetismo que en esos dos campos evidenció la epidemia, tanto entre las altas esperas de la sociedad, la política y el empresariado, como entre los habitantes de a pie.
Sigue siendo un enorme contrasentido que los bares, los almacenes y las ventas de todo tipo permanezcan abiertas, mientras escuelas, bibliotecas y comedores escolares, estén bajo cadenas y candados.
¿Será bajo esas condiciones que esta sociedad que se precia de una de las más educadas celebrará su bicentenario?

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